Lo que aprendió esta Autoridad General al orar por su padre, compartir el evangelio y confiar en Dios

Cuando recién comenzaba su carrera de negocios, el Élder John A. McCune tuvo una conversación con su jefe en la que rápidamente se hizo evidente que el hombre no sabía mucho sobre la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. De hecho, el Élder McCune se dio cuenta de que aquel hombre probablemente nunca lo habría contratado de haber sabido que él era miembro de la iglesia.

El hombre entró en la oficina del Élder McCune y preguntó por qué los Santos de los Últimos Días no comían galletas ni bailaban.

“Por supuesto que como galletas”, le dijo el Élder McCune con una sonrisa, frotándose el estómago. “Creo que nos ha confundido con otra iglesia”.

Mientras hablaban, el Élder McCune le aclaró algunos errores de concepto que el hombre tenía sobre la iglesia y lo tranquilizó, lo que llevó a otras conversaciones positivas sobre el evangelio de Jesucristo.

La experiencia le reafirmó al Élder McCune la importancia de siempre estar listo para compartir el evangelio con las personas.

“Somos discípulos del Salvador Jesucristo, dondequiera que estemos, en cualquier situación, en cualquier oportunidad”, dijo el Élder McCune. “Tenemos trabajos y carreras, pero el objetivo de estas es sustentar a nuestras familias y ponernos en situaciones en las que podamos compartir el evangelio. Esa es nuestra principal responsabilidad como discípulos de Jesucristo”.

El Élder McCune fue uno de los 10 nuevos Setenta Autoridades Generales que fueron sostenidos en la Conferencia General de abril de 2019.

John Allen McCune nació en Santa Cruz, California el 20 de junio de 1963. Sus padres eran Clifford McCune y Joan Fuhriman Schulthies. Se crio principalmente en Nyssa, Oregón, donde creció regando la tierra, cortando heno, arreglando cercas y trabajando con el ganado.

El Élder McCune, el menor de seis hijos, tenía seis años cuando sus padres se divorciaron y su padre se volvió menos activo en la Iglesia. Tiempo después, su madre se volvió a casar con un hombre viudo con ocho hijos, y crearon una nueva familia con 14 hijos. El ejemplo de desinterés y dedicación al Señor de su madre reforzó su testimonio, a la vez que su padrastro, Ray Schulthies, se convirtió en un ejemplo de trabajo duro y liderazgo consagrado en el sacerdocio.

El padre del Élder McCune nunca se reactivó en la Iglesia, pero antes de que muriera, el Élder McCune solía conducir 12 horas periódicamente para visitarlo, hacer reparaciones de mantenimiento en su casa y llevarlo a comer. Durante las últimas horas de su padre, el Élder McCune vio una luz en sus ojos que fortaleció su fe de que las cosas saldrían bien.

“Él solía decirme que no había un Dios, pero al acercarse el final de su vida, comenzó a ablandarse un poco”, dijo el Élder McCune. “Cuando su salud se estaba debilitando le pregunté, ‘Papá, ¿qué puedo hacer por ti?’. Él me dijo ‘Simplemente ora por mí, hijo.’ Para un ateo declarado con opiniones liberales, el decir eso en un momento crítico de su mortalidad y pedirle a su hijo que ore por él, creo que es bastante significativo. Así que tenemos esperanza”.

Los fundamentos del testimonio del Élder McCune se establecieron cuando tenía 15 o 16 años a medida que asistía a seminario y leía el Libro de Mormón. Luego, ese testimonio se consolidó cuando se convirtió en estudiante de primer año en el Colegio Universitario Ricks (actualmente BYU-Idaho) y vivió solo por primera vez. El Élder McCune recordó haberse sentado en su apartamento y tenido una “profunda experiencia” mientras escuchaba la Conferencia General en octubre de 1981.

“A lo largo de mi vida he tenido una serie de experiencias maravillosas que han consolidado y reafirmado mi conversión”, dijo él.

El Élder McCune conoció a la que sería su futura esposa, Debbra Ellen Kingsbury, en el Colegio Ricks ese mismo otoño. Se hicieron buenos amigos y compartieron una experiencia única cuando ella se enfermó y le pidió que le diera una bendición del sacerdocio.

En ese momento, el Élder McCune tenía 18 años y recién había sido ordenado al oficio de élder, por lo que nunca había dado una bendición. Sin embargo, estaba preparado porque recientemente había dado una lección sobre las bendiciones del sacerdocio en el quórum de élderes. La hermana McCune creció en un hogar menos activo en la Iglesia y su padre murió cuando ella tenía 14 años, así que la primera bendición que recibió resultó ser la de su futuro esposo.

“Claro que en ese momento ninguno de los dos sabía que nos casaríamos”, dijo el Élder McCune. “Pero fue una gran experiencia”.

Luego de servir en la Misión Japón Fukuoka, el Élder McCune retomó el contacto con Debbra Kingsbury en la Universidad de Brigham Young cuando ella lo ayudó a encontrar un hogar en su mismo complejo de apartamentos y en su mismo barrio. Alrededor de cuatro meses después, la pareja estaba comprometida.

Los McCune se casaron en el Templo de Salt Lake en 1984. Actualmente viven en Midway, Utah, y son padres de cuatro hijos y abuelos de ocho nietos.

El Élder McCune recibió el título de Licenciado en finanzas en BYU y luego obtuvo una Maestría en Administración de Empresas por la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA).

Al tiempo que el Élder McCune comenzaba su carrera, tuvo una experiencia que le hizo dudar de lo que estaba haciendo. Un día tenía programada una reunión con un cardiólogo exitoso para discutir las inversiones del hombre. Pero el cardiólogo llegó tarde porque estaba salvando la vida de un paciente. Lo que antes parecía tan importante para el Élder McCune lo dejó sintiéndose desalentado. Durante los meses siguientes, se cuestionó su carrera y se preguntó si no debería estar haciendo algo más significativo con su vida, dijo él.

Entonces, un día, mientras viajaba al trabajo, el Élder McCune dijo que el Señor le enseñó una lección importante que cambió su perspectiva.

“El Señor me comunicó que necesitaba administradores de inversiones”, dijo él. “Necesita contadores, plomeros, arqueólogos o cualquier otra cosa en todos los ámbitos porque hay personas que necesitan aprender de Él y del evangelio por medio de sus discípulos. Mi responsabilidad principal era ser un esposo, padre y discípulo de Cristo, pero estaba bien que fuera un administrador de inversiones. Eso cambió la forma en que empecé a ver mis relaciones laborales y mi carrera”.

Cuando el Élder McCune completó el programa de MBA en la UCLA, él y su esposa tuvieron otra experiencia poderosa que fortaleció su confianza en el Señor.

El Élder McCune recibió una oferta para el “trabajo de sus sueños” por parte de American Airlines, para ir a trabajar a su oficina corporativa en Dallas. También encontraron una casa accesible en un bello vecindario. Cuando volaban de regreso a California, parecía que todo encajaba para comenzar una emocionante vida nueva. Lo único que faltaba era orar y recibir la confirmación del Señor, dijo él.

Pero cuando oraron, la respuesta de no aceptar la oferta fue clara. Aunque estaban muy decepcionados, siguieron el consejo del Señor, dijo el Élder McCune.

Alrededor de seis meses después, cuando se hubieran estado preparando para mudarse a Dallas, el Élder McCune de nuevo se encontraba viajando en el tráfico del sur de California, orando por dirección, cuando recibió la respuesta de que estaba bien mudarse. Se sintió inspirado a llamar a American Airlines y se enteró de que se había abierto un nuevo puesto. Le ofrecieron ese trabajo con una mejor paga. Luego al regresar a Dallas, los McCune descubrieron que la misma casa “perfecta” seguía en venta a un precio aun menor. Pudieron mudarse de inmediato.

Si estamos dispuestos a confiar en el Señor, Él orquestará los detalles de nuestras vidas, dijo el Élder McCune.

“Aprendimos una lección profunda sobre confiar en Dios”, agregó. “No siempre funciona de esa forma, eso lo entendemos, pero nuestra fe y obediencia siempre traen bendiciones. No sabemos cuáles son esas bendiciones, y no sabemos el tiempo que tardarán en llegar. Uno de los desafíos de la mortalidad es aprender a confiar lo suficiente para saber que aunque las cosas no parezcan tener sentido, si lo escuchamos a Él, Él nos guiará y dirigirá nuestras vidas, y todo estará bien”.

El Élder McCune trabajó como vicepresidente senior y director general de Capitol Investment Advisors antes de convertirse en coordinador de donaciones con el Departamento de Filantropía de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

El Élder McCune ha servido como secretario financiero de barrio, presidente de cuórum de élderes, consejero en la presidencia de Hombres Jóvenes de un barrio, consejero en una presidencia de rama, consejero en un obispado, obispo, presidente de estaca y presidente de la Misión Provo Utah. Estaba sirviendo como Setenta de Área en el Área Utah Sur cuando fue llamado como Setenta Autoridad General.

“Estamos profundamente agradecidos a nuestro Padre Celestial, que ha guiado y orquestado nuestras vidas, a menudo de formas que simplemente no podríamos haber previsto”, dijo el Élder McCune.