Sarah Jane Weaver: Una leyenda tongana y cómo se aplica hoy a los Santos de los Últimos Días

A principios de noviembre de 2007, hace 12 años, viajé a Tonga para cubrir la rededicación del Templo de Tonga Nuku’alofa.

En este país sin restaurantes de comida rápida, fui inmediatamente atraído por el exuberante verde de sus paisajes, sus plantaciones, sus pequeños pueblos y por los rompientes de su océano.  Y más importante, me enamoré de la generosa naturaleza de los tonganos; siempre hay un lugar para los visitantes en una mesa tongana.

Los miembros locales colgaron bananas afuera de mi cuarto porque la mayoría de los negocios locales estaban cerrados ese fin de semana. Parecía que todos ahí se preparaban para celebrar la rededicación del templo. El compromiso de los miembros locales con el Evangelio era una parte profunda e integral de lo que ellos eran.  Esta creencia fue entretejida con su misma herencia.

Deseando proteger su tierra de la colonización occidental en 1839, el Rey cristiano George Tupou I había orado: “Oh, Dios Padre, te entrego mi tierra y mi pueblo, y a todas las generaciones después de mi. Los ofrezco para que sean protegidos por el cielo.”

La leyenda tongana dice que el rey se inclinó, tomó algo de tierra y la sopló en el aire como un acto simbólico de entregar a Dios su tierra y su pueblo.

El significado de ese momento se celebra por los tonganos en sus canciones, bailes y poesía, y es narrado desde el púlpito y en himnos.

No hay mayor símbolo de esa espiritualidad nacional hoy en día que el Templo de Tonga Nuku’alofa. Élder Russell M. Nelson, entonces del Cuórum de los Doce Apóstoles, rededicó el templo el 4 de noviembre de 2007. “Cosechamos hoy de las semillas que fueron sembradas por el rey de Tonga, quien entregó la tierra al Señor en primer lugar”, dijo élder Nelson después de la dedicación.

“Todo lo que hacemos, se trata del Señor”.

El legado de Tonga es, en muchas maneras, un legado compartido por los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Así como el Rey Tupou entregó su tierra y su pueblo a Dios, los miembros emergen de las aguas del bautismo teniendo con el Señor un compromiso de su tiempo, sus talentos y su servicio.

“Todo lo que hacemos, se trata del Señor”, dijo la hermana Wendy Nelson, esposa del presidente Nelson, después de viajar 23.646 k (17.779 millas) para reunirse con 344.452 personas de cinco países en nueve días durante su ministerio en Latinoamérica en agosto. “Siempre es acerca de donde el Señor quiere que vayamos, de lo que el Señor quiere que hagamos.

“Cuando viajamos, pienso en una declaración del presidente (Spencer W.) Kimball que dijo: ‘Debería visitar este país en algún momento cuando regrese. No es acerca de hacer turismo, sino de visitar a los Santos.’”

Hermana Mary Cook, participando en la misma entrevista, agregó: “Pienso en ese himno que dice ‘A donde me mandes iré, Señor’, y lo hacemos… Permanecemos como testigos todo el tiempo, en todas las cosas y en todos los lugares. No hay nada más dulce; y te sientes seguro de que estás haciendo lo que el Señor desea que hagas.”

Élder Quentin L. Cook, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo que el Señor bendice — y une — a Sus hijos que le siguen. “Estamos unidos por nuestro amor y por nuestra fe en Jesucristo, y como hermanos y hermanas de un amoroso Padre Celestial.”

Ese es un principio que se aplica no solamente en Tonga, sino también en la vida de cada miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Al representar cada uno de nosotros al Salvador en Su Iglesia en nuestro diario discipulado, estamos simbólicamente inclinándonos, tomando algo de tierra y lanzándola al viento y entregando nuestra vida a Dios.

Presidente Russell M. Nelson, de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, élder Gerrit W. Gong, del Cuórum de los Doce Apóstoles, y élder O. Vincent Halleck hablan con los medios después de reunirse con 'Aho'eitu Tupou VI, rey de Tonga, en el Palacio Real de Tonga, el 23 de mayo de 2019.
Presidente Russell M. Nelson, de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, élder Gerrit W. Gong, del Cuórum de los Doce Apóstoles, y élder O. Vincent Halleck hablan con los medios después de reunirse con ‘Aho’eitu Tupou VI, rey de Tonga, en el Palacio Real de Tonga, el 23 de mayo de 2019. Credit: Jeffrey D. Allred

Hoy en día, Tonga es la única nación del Pacífico que permanece independiente de la colonización occidental.  El lema nacional refleja la espiritualidad de la nación: “Dios y Tonga son mi herencia.”

Fue 50 años después de la declaración del Rey George Tupou I que los misioneros Santos de los Últimos Días llegaron a Tonga en 1891.

Tonga es ahora el hogar de una misión, de un templo en funcionamiento, de 21 estacas y de 65.500 miembros que aún valoran su libertad religiosa. Presidente Nelson anunció un segundo templo en la conferencia general de abril de 2019, que será construido en Tonga, en Neiafu.

En la tierra de la profunda espiritualidad — donde el 60 por ciento de la población se declara miembro de la Iglesia — más de 10.000 Santos de los Últimos Días le dieron la bienvenida a Tonga al presidente Nelson, el 23 de mayo.

“Los amamos”, le dijo él a los tonganos. “Los extrañamos cuando estamos lejos de ustedes. Ustedes son muy apreciados para nosotros y para el Señor. Él tiene sentimientos especiales por Su pueblo del convenio.”

Sarah Jane Weaver es la editora de Church News.