Lo que aprendió D. Arthur Haycock por ser secretario de profetas y apóstoles

Pocas personas han tenido una relación tan estrecha con varios presidentes de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días como la que ha tenido D. Arthur Haycock. Para un artículo que escribimos en 1986, Dell Van Orden, en ese entonces editor de Church News, y yo, el hermano Haycock compartió anécdotas de su relación personal con siete profetas. Nuestros dos artículos se publicaron el 19 de enero de 1986, con la edición del periódico anunciando el llamamiento del hermano Haycock para servir como presidente del Templo Laie Hawái, terminando así 48 años de carrera como empleado de la Iglesia y su trabajo con profetas y apóstoles.

Él sirvió como secretario personal de cinco de ellos: George Albert Smith, Joseph Fielding Smith, Harold B. Lee, Spencer W. Kimball y, por breve tiempo, Ezra Taft Benson. También se relacionó cercanamente con otros dos presidentes de la Iglesia — Heber J. Grant y David O. McKay — y con cuatro apóstoles que después llegaron a ser presidentes de la Iglesia: Howard W. Hunter, Gordon B. Hinckley, Thomas S. Monson y Russell M. Nelson. 

El servicio del hermano Haycock para los presidentes de la Iglesia, de los que fue secretario personal, fue más allá de las relaciones de trabajo. Él siempre estaba en disposición inmediata cuando lo necesitaban, de día o de noche, ya fuera para hacer algo sencillo como comprar un par nuevo de zapatos para uno de los presidentes, o viajar muchas veces a través del mundo con ellos.

“Hemos edificado esas estrechas relaciones al viajar por el mundo juntos”, rememoró el hermano Haycock durante la entrevista con Church News. “Reímos … lloramos y oramos juntos en toda clase de circunstancias”.

Hermano Haycock empezó a trabajar para la Iglesia en 1938, durante el último año de la administración del presidente Grant. Él (Haycock) dijo que tuvo el deseo de trabajar para la Iglesia desde sus días de misionero en Hawái, en 1935-1937. Cuando regresó a casa, fue a las oficinas de la Iglesia todos los días, al mediodía, por algunos meses para saber de algún empleo. Su persistencia valió la pena. Fue contratado.

El presidente Grant murió en 1945. Hermano Haycock recuerda acerca de cómo llegó a ser el secretario personal del presidente George Albert Smith: “No conocía personalmente al presidente Smith muy bien. Ni siquiera pensaba que él supiera que yo existía. Me aterrorizó trabajar tan cercanamente con el presidente de la Iglesia. … Él era en verdad un cristiano, receptivo, y tenía un maravilloso e irónico sentido del humor.

“Solo tenía un ojo bueno. Al final, yo le leía todo, incluyendo la correspondencia. Algunas veces las personas escribían sin intención algo que era divertido. Alguien le escribió: ‘Presidente Smith, me gustaría saber su opinión sobre la cremación y el chocolate’. No podía pensar en algo que tuvieran en común esas dos cosas; estallé en risas. El presidente Smith dio una respuesta rápida a eso: ‘Escríbele y dile que ambas cosas son calientes’”.

Durante la administración del presidente McKay, el hermano Haycock sirvió como secretario asistente de la Primera Presidencia, y como secretario del Consejo de los Doce. “Presidente McKay era un gran educador y misionero, que llevó a la Iglesia a un gran crecimiento, construyendo escuelas y templos”, dijo.

Hermano Haycock poco después llegó a ser el secretario personal del presidente Joseph Fielding Smith.

“Él fue el historiador de la Iglesia por 40 años o más, y sabía las Escrituras. … En el púlpito él nunca hizo reír a la gente; él daba discursos serios del evangelio. Cuando me asignaron con él, vi que era agradable, amable, receptivo, amoroso y tímido. …

“Muchas personas no sabían el gran sentido del humor que él tenía. Una vez fuimos a BYU con su amada esposa, Jessie, que disfrutaba mucho de la vida. Él y Jessie habían discursado. Entonces, volviéndose a la congregación, ella se tapó un poco la boca con la mano y susurró en voz alta: ‘Creo que puedo hacer que abue cante un dueto conmigo’. Todos aplaudieron. Cuando él se aprestaba a cantar, se le pasó el micrófono y entonces dijo: ‘Esto no es un dueto, sino un duelo, lo tengo que hacer, quiera o no’. …

“Cuando íbamos en el auto de regreso a Salt Lake City, le dije: ‘Presidente, esos estudiantes en verdad fueron conmovidos, estaban llorando cuando usted cantaba’. Y él dijo: ‘Lo puedo entender, mi canto puede hacer llorar a cualquiera’”.

Hermano Haycock fue el secretario personal del presidente Lee desde el tiempo en que él llegó a ser presidente de la Iglesia, el 7 de julio de 1972, hasta su muerte, 18 meses después, el 26 de diciembre de 1973.

“El presidente Lee había sido mi maestro de Seminario, y me había ordenado como obispo. … Siempre me sentí cercano a él. Él era muy complejo, y quiero decir eso en la forma más complementaria posible. Nadie hacía bromas con el presidente Lee; uno siempre esperaba que él pusiera el tono de la charla. Pero nunca hubo un mejor anfitrión, ni hombre más atento y amable, que él. Él era humilde. Exceptuando al profeta José, no creo que alguien supiera más que él sobre el Sacerdocio y el gobierno de la Iglesia. … Él defendía la verdad sin miedo al declarar su testimonio. …

“Él en verdad era muy humilde. Alguien podría llamarlo: ‘el presidente de los pobres’”. Él fue un instrumento para empezar el programa de bienestar de la Iglesia. 

Hermano Haycock reflexionó acerca del presidente Kimball: “Este maravilloso presidente nos hacía alargar la zancada, elevar nuestra visión, apresurar nuestro paso. … Tenía la habilidad de expresar ideas en una forma poética, como parábolas. Él nunca tuvo que luchar con eso. Parecía que solamente fluían. …

“Él tenía un gran amor por las personas. Viajamos mucho a todas partes, y a dondequiera que fuera, él disfrutaba de la compañía de la gente, de la gente común. Pero él se sentía a gusto también con reyes, presidentes y primeros ministros. Nunca fue presuntuoso, nunca fue altivo, aunque él era ennoblecido y bien recibido. Él era un hombre común con una habilidad no común, y con fe y temperamento”.

Hermano Haycock estaba bien familiarizado con el presidente Benson cuando éste llegó a ser presidente de la Iglesia en 1985. En enero de 1953, cuando el entonces apóstol Benson llegó a ser secretario de agricultura de los EE. UU., en la administración Eisenhower, el hermano Haycock fue a Washington D.C. como su secretario administrativo; sirviendo ahí hasta mayo de 1954, cuando el presidente McKay llamó al hermano Haycock para servir como presidente de la Misión Hawái.

El hermano Haycock, quien sirvió brevemente al presidente Benson como su secretario, lo describió como “un hombre de vasta experiencia, un hombre que amaba su hogar, su familia y su país … dedicado a preservar estos grandes fundamentos”.

En 1986, el presidente Benson llamó al hermano Haycock para servir como presidente del Templo Laie Hawái, un llamamiento que él encontró especialmente gratificante habiendo servido como un joven misionero y como presidente de misión en Hawái.  

Al momento de su muerte, el 24 de febrero de 1994, a la edad de 77 años, el hermano Haycock era un sellador en el Templo de Salt Lake.