Conozca a la nueva autoridad general de la República Democrática del Congo

Cuando el élder Thierry K. Mutombo tenía 10 años, fue testigo del poder que el evangelio de Jesucristo tiene para cambiar la vida de las personas. Antes de que su familia se convirtiera a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, él sentía una falta de paz y alegría en su hogar, dijo el élder Mutombo.

Aunque sus padres eran de religiones cristianas, no estaban activos en ninguna religión, y estaban descontentos a medida que buscaban la verdad.

“Pero cuando recibieron el evangelio restaurado de Jesucristo, recuerdo haber visto el cambio de corazón en la vida de mis padres”, dijo el élder Mutombo, recordando cuán diferentes eran las cosas antes y después de que los misioneros los encontraran y convirtieran. “Ese fue un testimonio personal sobre el poder del evangelio y del cambio que ocurre debido a la Expiación de Jesucristo”, dijo él.

Después de la conversión de su familia, el matrimonio de sus padres mejoró enormemente. El élder Mutombo dijo que recuerda que el respeto y el amor mutuo de sus padres aumentaron y que su hogar se volvió más pacífico y alegre. Toda la familia también se unió más. Comenzaron a orar en familia, a hacer la noche de hogar; y cantaban himnos juntos a menudo. Y aunque no siempre tenían suficiente para comer, eran personas alegres.

El evangelio ha cambiado el rumbo de su familia, dijo el élder Mutombo. “Siempre estaré agradecido con mis padres por su ejemplo de fe y discipulado. Ellos fueron verdaderamente convertidos al Señor”.

Thierry Kasuangi Mutombo nació en Kinshasa, República Democrática del Congo, el 31 de enero de 1976; es hijo de Antoine Kasuangi Mutombo y Marie Therese Matsanga Nzambu Mutombo. A lo largo de su vida, ha sentido el llamado para ayudar a edificar el reino de Dios; y su nuevo llamamiento como un setenta autoridad general es solo un paso más en ese camino, dijo él.

Al igual que sus padres, el élder Mutombo dijo que espera dejar un legado de fe, sacrificio y servicio para sus hijos.

“Esto es lo que esperamos”, dijo él, “para ayudar a la generación venidera a encontrar gozo en el servicio del Señor, a ser un buen ejemplo, a ser una luz que ayude a llevar a las personas a Su luz y a la verdad”.

Al reflexionar sobre cómo su testimonio y fortaleza en el evangelio han aumentado con los años, el élder Mutombo recordó que, aunque ha tenido un fuerte testimonio desde su bautismo a la edad de 10 años, no fue hasta que fue llamado en su juventud a servir en una misión en Costa de Marfil que tuvo certeza de su testimonio del Libro de Mormón. Antes de recibir su llamamiento misional, nunca había leído realmente el Libro de Mormón, dijo el élder Mutombo.

Inspirado por su llamamiento, el obispo de Thierry en ese tiempo lo desafió a leer el Libro de Mormón todos los días como preparación para salir a su misión; incluso le dio a Thierry una llave al centro de reuniones local para que pudiera estudiar en la paz y tranquilidad de la biblioteca.

El élder Thierry K. Mutombo
El élder Thierry K. Mutombo Credit: Intellectual Reserve, Inc.

Durante tres meses, Thierry fue todos los días al edificio de la Iglesia ahí para leer, reflexionar y orar sobre el Libro de Mormón. Cuando entró en el campo misional, no solo había desarrollado hábitos de estudio útiles, sino que también había obtenido un fuerte testimonio del Libro de Mormón.

“Esa fue una experiencia increíble”, dijo él. Esa fue la primera de muchas lecciones que le enseñaron a obedecer el consejo de los líderes del sacerdocio y lo ayudaron a fortalecer su testimonio personal. También le enseñó el verdadero poder del Libro de Mormón.

“La mejor herramienta que tenemos para llevar a las personas a la luz del evangelio y congregar al Israel disperso es el Libro de Mormón”, dijo él.

Cuando el élder Mutombo regresó de su misión, se mudó a vivir con un tío para poder estar cerca de la escuela. Asistió a la Universidad de Cepromad y comenzó a salir en citas, con la esperanza de casarse y formar una familia. Pero cuando su primera relación no funcionó según lo planeado, el élder Mutombo dijo que su enfoque cambió.

“Me dije: ‘Ya no me voy a casar’”, recordó, bromeando sobre su desánimo.

Unos meses más tarde, su madre comenzó a hablar sobre una maravillosa hermana misionera que estaba sirviendo en el barrio de la familia de ellos y compartió su esperanza de que algún día Thierry se casara con esa joven. Sin haber conocido a la joven, el élder Mutombo desestimó los comentarios de su madre. Pero estaba claro que la misteriosa misionera, la hermana Sinda, era una de las favoritas de su madre.

Algún tiempo después, uno de sus antiguos compañeros de misión le pidió que lo acompañara a visitar a otra familia. Juntos, los amigos visitaron a la familia Sinda.

Nathalie Sinda, la joven misionera que le había agradado a su madre, había sido relevada el día anterior y había regresado a la casa de su familia en otra parte de Kinshasa.

“Comenzamos a hablar y, ¡guau!, ella brillaba con la luz del Espíritu”, dijo el élder Mutombo sobre conocer a su futura esposa.

“Así empezó todo”, dijo él. “Mi madre supo antes que yo que ella bendeciría mi vida. Y yo soy el hombre más feliz. Estoy tan agradecido. Hoy soy quien soy gracias a ella. Ella me ha ayudado a ser un mejor hombre”.

Thierry K. Mutombo y Nathalie Tshayi Sinda se casaron en una ceremonia civil el 29 de noviembre de 2002 y la pareja fue sellada más tarde en el Templo de Johannesburgo, Sudáfrica, el 19 de noviembre de 2004. Tienen seis hijos.

Aunque su nuevo llamamiento como un setenta autoridad general parece una tarea abrumadora, el élder Mutombo dijo que una cosa que ha aprendido es que nunca se deben cuestionar los llamamientos que se dan a través de los canales inspirados del sacerdocio.

“Puede que yo no entienda completamente por qué haya sido llamado”, dijo él, “pero sé una cosa: Que esta es la obra del Señor y que Él sabe lo que yo no sé. Él ve lo que yo no veo”.

Tal como enseñó Lehi: “todas las cosas han sido hechas según la sabiduría de aquel que todo lo sabe”, dijo el élder Mutombo.

“Se trata de la obra de salvación y exaltación; no se trata de mí. Es una oportunidad para ser un instrumento en las manos de Dios para llevar a mis hermanos y hermanas al conocimiento de la verdad”.