Sarah Jane Weaver: La forma por la que sé que los convenios del templo son la clave para la felicidad y para sobrellevar las dificultades

El Barrio Reus en la capital de Uruguay, Montevideo, se distingue por tener casas encantadoras y coloridas. Mientras cubría el ministerio en Sudamérica del presidente Russell M. Nelson, el 24 de octubre de 2018, me uní a otros miembros de su equipo de medios de comunicación y caminé por la calle de esa famosa hilera de casas.

Los hombres de nuestro grupo vestían camisas blancas y corbatas y se parecían mucho a los misioneros santos de los últimos días. Al verlos, un hombre salió corriendo a la calle y nos llamó.

“El profeta viene a Uruguay”, dijo.

Nos invitó a su tienda, donde él y su esposa vendían zapatitos para bebé. Los zapatitos eran de todos los colores y estilos.

El hombre, que era miembro de la Iglesia, nos mostró un par de zapatitos rosados en forma de animalito y los colocó en mis manos. Hablando en español, me mostró cómo una oreja del animalito era un poco más larga que la otra. Sintiendo que era importante, busqué un intérprete y por medio de él le pregunté a la esposa del hombre acerca de esos zapatitos.

Ella entonces compartió su historia. Cuando la Iglesia dedicó el Templo de Montevideo, Uruguay, en marzo de 2001, los líderes de la Iglesia prometieron bendiciones a la pareja si asistían al templo con frecuencia. Con un corazón lleno de fe, la hermana entró al templo tres días seguidos. Al tercer día, en el templo, vio en su mente una imagen de unos zapatitos de bebé rosados, diseñados a la imagen de un animal que tenía una oreja un poco más larga que la otra. Hizo los zapatitos, los vendió en su puesto de verduras y así nació su negocio.

Hoy, la pareja es autosuficiente.

El Barrio Reus con sus casas coloridas, en Montevideo, Uruguay, el 24 de octubre de 2018.
El Barrio Reus con sus casas coloridas, en Montevideo, Uruguay, el 24 de octubre de 2018. Credit: Jeffrey D. Allred, Deseret News

Unos días después supe de otra mujer de gran fe.

Mientras estaba en Concepción, Chile, asistí a un almuerzo con el nuevo presidente y directora del templo, el presidente Joe N. y la hermana Jolene Swenson. En preparación para que el presidente Nelson dedicara el templo, la pareja había pasado semanas llamando y capacitando a obreros del templo — la gran mayoría de los cuales nunca había tenido la oportunidad de servir en un templo.

El presidente Swenson habló de una mujer mayor que se reunió con él para una entrevista. Ella tenía muchas cosas que ocupaban su tiempo, incluidas responsabilidades familiares difíciles. Después de enterarse de su situación, el presidente Swenson le sugirió que asistiera al templo a menudo como participante, no como obrera.

La mujer dijo que no podría hacer eso, sacó su bendición patriarcal — recibida cuatro décadas antes — y juntos leyeron la parte que decía que serviría como obrera de ordenanzas en el Templo de Concepción, Chile. Ella había recibido esa bendición 30 años antes de que el presidente Thomas S. Monson anunciara un templo para Concepción y unos 20 años antes de que el presidente Gordon B. Hinckley presentara el concepto de templos pequeños. En cumplimiento de esa bendición, ella ahora está sirviendo como obrera de ordenanzas del templo.

Los preparativos se acaban para la dedicación del Templo de Concepción, Chile en Concepción, Chile, el sábado 27 de octubre de 2018.
Los preparativos se acaban para la dedicación del Templo de Concepción, Chile en Concepción, Chile, el sábado 27 de octubre de 2018. Credit: Jeffrey D. Allred, Deseret News

Con fe en la guía del Señor para ella, dada a través de un patriarca inspirado, esa mujer está ayudando a los participantes del templo a acceder a todo el poder de Dios a través de los convenios del sacerdocio recibidos en el templo.

La fe de ambas mujeres se reflejó en su compromiso con el Salvador y Su Iglesia; sus vidas muestran el poder que le llega a cualquiera que haga el convenio de que “Andaremos en todas las ordenanzas del Señor” (Doctrina y Convenios 136:4).

Es un poder que conecta eternamente a las familias y eleva a generaciones.

Un día después del almuerzo en Concepción, el presidente Nelson participó en la ceremonia de la piedra angular del templo, invitando a Lilieth Rojas, de 5 años, a poner mortero en la piedra angular del templo.

Vania Petit, la madre de Lilith, no podía ver a su hijita o al profeta a través de la multitud, por lo que vio la imagen de su hijita en el visor de una cámara de video; esa pequeña vista significaba todo para ella.

Vania fue una adolescente que vivía en las calles con su madre cuando los misioneros las encontraron y les enseñaron el evangelio. Apenas una generación después, el refinamiento que alcanzó la familia es evidente en Lilieth.

Diez meses antes de caminar por las calles del Barrio Reus en Montevideo, el presidente Nelson se paró en el anexo del Templo de Salt Lake y declaró que las ordenanzas y los convenios del templo son la clave para la felicidad y para sobrellevar las dificultades.

“Les aseguro que, independientemente de la condición del mundo y de sus circunstancias personales, pueden enfrentar el futuro con optimismo y alegría si tienen fe en el Señor Jesucristo y en Su evangelio”, dijo el presidente Nelson.

Esa fe es evidente en un zapatito rosado con una oreja un poco más larga que la otra, en la realización de una bendición patriarcal inspirada y, lo más importante, en las generaciones que vendrán después de los que hemos hecho convenio de seguirlo a Él.