La hermana Franco habla sobre las mujeres y el sacerdocio — Recurrir al poder del Salvador

Nota del editor: Esta narración es parte de una serie de Church News titulada “Mujeres del convenio”, en la que las mujeres de la Iglesia hablan de sus experiencias personales con el poder del sacerdocio y comparten lo que han aprendido al seguir el consejo del presidente Russell M. Nelson de “trabajar con el Espíritu para comprender el poder de Dios, o sea, el poder del sacerdocio” (“Tesoros espirituales”, conferencia general de octubre de 2019).

La siguiente enseñanza del presidente Russell M. Nelson me habla al corazón: “Conforme aumente su comprensión y ejerzan fe en el Señor y en el poder de Su sacerdocio, aumentará su capacidad para recurrir a ese tesoro espiritual que el Señor ha puesto a su alcance”.

El presidente Nelson también hace esta pregunta: “Pero ¿cómo lo hago? ¿Cómo puedo atraer el poder del Salvador a mi vida?”.

Por mis propias experiencias de vida, sé que guardar los mandamientos del Señor, tener fe, y confiar en Él plenamente son formas de acceder al poder de Su sacerdocio. En Doctrina y Convenios leemos que, cuando lo seguimos con fe, “entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios; y la doctrina del sacerdocio destilará sobre tu alma como rocío del cielo” (Doctrina y Convenios 121:45). 

La hermana Cristina B. Franco, segunda consejera en la presidencia general de la Primaria, habla durante la sesión del domingo por la mañana de la Conferencia General Semestral N.o 189 de la Iglesia, el 6 de octubre de 2019.
La hermana Cristina B. Franco, segunda consejera en la presidencia general de la Primaria, habla durante la sesión del domingo por la mañana de la Conferencia General Semestral N.o 189 de la Iglesia, el 6 de octubre de 2019. Credit: Captura de pantalla

Permítanme compartir una experiencia personal para ilustrar este principio. 

Hace unos 15 años, tuve una cirugía ocular. Al principio, estaba entusiasmada por tener una mejor visión, pero en la sala de espera del doctor, me sorprendió leer que 1 de cada 1000 pacientes pierden la visión y quedan ciegos en esta cirugía.

Esa estadística rondaba en mi mente mientras el doctor me decía que, probablemente, nunca tendría una agudeza visual de 20/20. Sin embargo, dijo él, mejoraría al punto de poder leer letras más pequeñas en la tabla optométrica, al menos tres o cuatro líneas por debajo de lo que podía leer actualmente. 

Cuando llegué a casa, mi querido esposo me preguntó cómo me fue en la cita. Le dije lo que había dicho el doctor y luego le conté de mi miedo al enterarme de que 1 de cada 1000 personas podían perder la vista. 

Su respuesta fue: “¡Vaya, eso es muy poco!”.  

Le respondí: “Pero ¿qué pasa si yo soy ese uno? Sabes que mi visión no es perfecta, pero aún puedo ver. Simplemente no creo que quiera avanzar con la cirugía”. 

Luego, él me preguntó algo que nunca olvidaré: “Cris, ¿qué pasa si el Padre Celestial permite que pierdas la vista?”. 

Le respondí: “¿Por qué haría eso? Él sabe que necesito ver”. 

Entonces, él preguntó: “Pero ¿te someterás a Su voluntad?”. 

No sabía qué decir, así que dije lo que sabía: “Tengo fe en que, para el Señor, nada es imposible. Y tengo fe para ser sanada. ¿Me darías una bendición para que todo esté bien?”. 

Él sonrió y dijo: “Por supuesto”.

La hermana Becky Craven, de la presidencia general de las Mujeres Jóvenes, y la hermana Cristina B. Franco, de la presidencia general de la Primaria, posan con un grupo luego de una capacitación en Guadalupe durante su recorrido por el Área Caribe.
La hermana Becky Craven, de la presidencia general de las Mujeres Jóvenes, y la hermana Cristina B. Franco, de la presidencia general de la Primaria, posan con un grupo luego de una capacitación en Guadalupe durante su recorrido por el Área Caribe. Credit: Intellectual Reserve, Inc.

El día de la operación, mi esposo me dio una bendición y fuimos a la clínica. Mientras esperaba, oré al Padre Celestial expresando los sentimientos de mi corazón y haciéndole saber que, sin importar lo que pasara, aun si tenía que quedarme sin vista por el resto de mi vida, aceptaría Su voluntad y nunca afectaría mi fe en Él ni en mi Salvador. 

Tuve la operación y una hora después regresé a casa. 

Tres días después, regresé para mi cita de control. Mi doctor me pidió que leyera las letras más pequeñas que pudiera de la tabla optométrica que estaba en la pared. Mientras leía la línea más pequeña, el doctor dijo con sorpresa: “Eso es 20/20. ¡Tiene una visión de 20/20! No sé cómo la obtuvo”. 

Ah, ¡pero yo sí sabía! Sabía que el milagro de sanación había ocurrido debido a la fe en el Señor Jesucristo. Sometí mi voluntad a la del Señor. Cuando me metí en mi auto, derramé mi corazón, llena de gratitud a mi Padre Celestial por Su amorosa misericordia.

Los milagros llegan como testimonio “después de la prueba de [nuestra] fe” (Éter 12:6).

Sin embargo, a veces, esos milagros son diferentes de lo que esperamos. El élder David A. Bednar explicó lo siguiente: “Hay dimensiones complementarias de la fe —la fe para lograr que ocurran las cosas y la fe para aceptar las cosas que ocurren. Un discípulo debe tener ambas. Deben estar dispuestos a actuar y a esperar en el Señor” (David A. Bednar, “La fe en el Salvador —un principio de acción y poder”, discurso dado en un devocional de BYU-Idaho el 22 de septiembre de 2019).

La hermana Cristina B. Franco comparte fotografías con las hermanas en una reunión en Puerto Príncipe, Haití.
La hermana Cristina B. Franco comparte fotografías con las hermanas en una reunión en Puerto Príncipe, Haití. Credit: Intellectual Reserve, Inc.

El acceso al poder y las bendiciones del sacerdocio está disponible para todos.  Al permanecer fieles, podemos recibir esos poderes y bendiciones del sacerdocio en todos los aspectos de nuestra vida.  El sacerdocio puede brindarnos protección, consuelo, fortaleza, paz y promesas que se extienden hasta la eternidad. Por medio de ese poder del sacerdocio, el Espíritu Santo también me ayuda a recordar experiencias de mi vida que continúan edificando mi testimonio y mi fe en Dios.

Testifico que, al ejercer fe en el Señor y en el poder de Su sacerdocio, acercarnos más a Él y someternos a Su voluntad, veremos muchos milagros en nuestra vida.