Boyd Matheson: La influencia de los santos ‘uno de cada ciudad’ en el Sudeste Asiático

Margaret Mead dijo algo poderoso: “Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos atentos y comprometidos pueda cambiar el mundo; de hecho, es lo único que lo ha logrado”.

Cuando el presidente Russell M. Nelson y el élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, viajaron por el Sudeste Asiático en noviembre de 2019, fui testigo de la prueba viviente de este principio.

Los cuatro países que visitaron estos líderes de la Iglesia son hogar de grandes poblaciones. Vietnam tiene 97 millones de habitantes; Camboya, 15 millones; Singapur, casi 6 millones; e Indonesia es hogar de más de 267 millones de ciudadanos. En cada una de estas naciones, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tiene grupos de miembros muy pequeños. 

Este viaje no se caracterizó por las grandes multitudes en estadios deportivos, sino por pequeñas reuniones en salones de baile de hoteles y capillas.

Viajar tantos kilómetros, atravesando tantas zonas horarias, para reunirse con tan pocas personas puede parecer algo insignificante e inútil según las normas del mundo. La sociedad parece estar consumida en medir, cuantificar y contar todo, desde los clics en internet y los “me gusta” en las redes sociales hasta los seguidores en Twitter y las visualizaciones de los videos.

Srey Kia y Srey Nic prestan atención durante un devocional con el presidente Russell M. Nelson, de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en Nom Pen, Camboya, el martes 19 de noviembre de 2019.
Srey Kia y Srey Nic prestan atención durante un devocional con el presidente Russell M. Nelson, de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en Nom Pen, Camboya, el martes 19 de noviembre de 2019.

El profeta y el apóstol no fueron para medir el tamaño de las audiencias, sino para ministrar a las personas. Estas autoridades generales y sus esposas fueron y vinieron en búsqueda del “individuo” a la vez que se esforzaban por fortalecer a pequeños grupos de discípulos reunidos en el nombre del Salvador.

Un domingo, mis colegas y yo asistimos a una rama diminuta de la Iglesia en Hanói, Vietnam. Había menos de 30 miembros de asistencia y la mayoría de ellos eran muy jóvenes. Cuando comenzó la reunión, yo estaba intentando descifrar el significado de estos números para Vietnam. Me sentía abrumado por la aparente inutilidad de todo ello —un país de 97 millones de habitantes con una membresía total de la Iglesia de 700 personas y estos 30 santos fieles en una ciudad llena de ciudadanos. Simplemente no cuadraba y no podía cuadrar.

Los miembros comenzaron a cantar el himno de apertura. El Espíritu llenó la habitación al instante. Los pensamientos fluyeron en mi mente mientras contemplaba a estos hermosos, poderosos y fieles santos que, claramente, no estaban solos.  

“Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).

“Nuestras filas chicas jamás desmayarán” (Himno N.o 158, “Trabajemos hoy en la obra”).

“¿No irá …, dejando las noventa y nueve, a buscar la que se ha descarriado?” (Mateo 18:12).

Con los ojos llenos de lágrimas y una visión más amplia de aquellos con quienes estaba adorando, las palabras de Jeremías me conmovieron el alma: “Y os tomaré uno de cada ciudad y dos de cada familia, y os llevaré a Sion” (Jeremías 3:14).

El presidente Nelson y el élder Christofferson testificaron que estos pocos escogidos serían “la levadura del pan” y que este grupo fiel tendría una gran influencia e impacto en el futuro de la nación.

Comencé a referirme a los miembros de estas zonas muy pobladas como los santos “uno de cada ciudad”.

Observé mientras estas almas extraordinarias miraban al profeta y la hermana Wendy Nelson, así como al élder Christofferson y su esposa, la hermana Kathy Christofferson, con un deseo sincero de recibir enseñanza, inspiración y fortaleza. Al final de cada reunión se podía ver que estos santos anhelaban pedirles a sus líderes que permanecieran con ellos y les enseñaran un poco más.

Durante el curso del ministerio de nueve días en el Sudeste Asiático, la fe de los santos “uno de cada ciudad” fue fortalecida con palabras de visión, revelación y sabiduría. Se les brindaron modelos para vivir y servir a medida que se esfuerzan por convertirse en mejores discípulos del Salvador Jesucristo.

El presidente Nelson y el élder Christofferson se reunieron para una entrevista final con los medios de comunicación luego del devocional en Yakarta, Indonesia. Ambos hablaron poderosamente de lo que habían experimentado y de las cosas que les aguardan a los santos “uno de cada ciudad” de estos países, incluidas las bendiciones de los templos.

El élder Christofferson recalcó su creencia de que la gira de ministerio había sido un testamento “del valor de un alma” y del amor de nuestro Padre Celestial por todos sus Hijos.

Cuando se le preguntó si en algún momento se sintió desanimado debido a que la cantidad de miembros era tan pequeña en países tan altamente poblados, el presidente Nelson respondió con un empático “nunca”.

Luego, continuó diciendo: “No creo que al Señor le interese en verdad cuántos miembros de la Iglesia tenemos. Lo que a Él le interesa es cuántos de Sus hijos escogen regresar a Él y disfrutar de la vida eterna en Su santa presencia”. Para dar un mayor efecto, él repitió que se trataba menos de los números y más de las almas que serían bendecidas por el evangelio de Jesucristo. 

El presidente Russell M. Nelson, de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y su esposa, la hermana Wendy Nelson, junto con el élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y su esposa, la hermana Kathy Christofferson, saludan a los participantes luego de un devocional en Hanói, Vietnam, el domingo 17 de noviembre de 2019.
El presidente Russell M. Nelson, de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y su esposa, la hermana Wendy Nelson, junto con el élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y su esposa, la hermana Kathy Christofferson, saludan a los participantes luego de un devocional en Hanói, Vietnam, el domingo 17 de noviembre de 2019. Credit: Jeffrey D. Allred, Deseret News

Al escuchar estos inspirados e inspiradores siervos de Dios, me vinieron a la mente las palabras de Albert Einstein: “No todo lo que se puede contar cuenta, ni todo lo que cuenta se puede contar”.

La abrumadora insignificancia de la cuenta mundana que no cuadraba al principio de la gira se había visto transformada por la aritmética eterna que multiplica los panes y los peces, magnifica la fe del tamaño de una semilla de mostaza, aumenta el valor de la blanca de la viuda y amplifica las respuestas a la humilde oración proveniente de un corazón quebrantado.

Quizás, tal como Elías de antaño, el presidente Nelson pudo ver que quienes están con estos santos “uno de cada ciudad” en el Sudeste Asiático son, en realidad, una gran multitud, e incluyen profetas pasados, como el presidente Gordon B. Hinckley, apóstoles antiguos y antepasados que están del otro lado del velo.

Tanto el profeta como el apóstol, que habían viajado al otro lado del mundo, declararon su testimonio especial del Salvador y Su obra. Juntos, ofrecieron su propia versión de la cita de Margaret Mead: “Nunca dudes que un pequeño grupo de [santos ‘uno de cada ciudad’] atentos y comprometidos pueda cambiar el mundo; de hecho, es lo único que lo ha logrado”.

—Boyd Matheson es el editor de opinión y jefe de alcance estratégico en Deseret News.