La hermana Craven habla sobre las mujeres y el sacerdocio — Todas las bendiciones espirituales de la Iglesia

Nota del editor: Esta narración es parte de una serie de Church News titulada “Mujeres del convenio”, en la que las mujeres de la Iglesia hablan de sus experiencias personales con el poder del sacerdocio y comparten lo que han aprendido al seguir el consejo del presidente Russell M. Nelson de “trabajar con el Espíritu para comprender el poder de Dios, o sea, el poder del sacerdocio” (“Tesoros espirituales”, conferencia general de octubre de 2019).

En el juramento y convenio del sacerdocio (Doctrina y Convenios 84), el hombre hace convenio con Dios de hacer determinadas cosas o cumplir ciertas condiciones, de acuerdo con Sus leyes. A cambio, Dios promete por medio de un juramento que Él otorgará al hombre determinadas bendiciones.

El presidente Nelson testificó que “bendiciones increíbles fluyen de ese juramento y convenio hacia los hombres, las mujeres y los niños dignos de todo el mundo” (“Convenios”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 86).

Confieso que no fue hasta bien entrada en la adultez que comencé a comprender que las promesas y bendiciones del juramento y convenio del sacerdocio se me aplicaban o tenían relevancia para mí. Francamente, pensaba que solo era algo que debían saber mis hermanos y mi padre. Después de todo, ellos eran los que estaban haciendo convenios del sacerdocio, ¿no es así?

La hermana Becky Craven hace un comentario en una discusión conjunta entre las presidencias de las Mujeres Jóvenes y de los Hombres Jóvenes sobre el desarrollo del lema de 2020 para la juventud, el martes, 20 de agosto de 2019, en el Edificio de las Oficinas de la Iglesia en Salt Lake City.
La hermana Becky Craven hace un comentario en una discusión conjunta entre las presidencias de las Mujeres Jóvenes y de los Hombres Jóvenes sobre el desarrollo del lema de 2020 para la juventud, el martes, 20 de agosto de 2019, en el Edificio de las Oficinas de la Iglesia en Salt Lake City. Credit: Scott G. Winterton, Deseret News

A medida que maduraba en el evangelio, comencé a comprender con más claridad la forma en que todos los hijos de Dios son bendecidos por el poder y la autoridad del sacerdocio que poseen los hombres dignos. Es por medio de la autoridad del sacerdocio del Señor que accedemos a las ordenanzas y convenios que necesitamos para recibir la vida eterna.

En abril de 1970, el presidente Joseph Fielding Smith enseñó que el poder del sacerdocio es una gran bendición para todos los miembros de la Iglesia y que esas bendiciones no son solo para los hombres. Aunque el juramento y convenio del sacerdocio en D. y C. 84 está dirigido específicamente a los hombres ordenados al sacerdocio, muchas de las promesas y bendiciones dadas allí también se aplican a las mujeres que guardan sus convenios. El presidente Smith explicó: “Dichas bendiciones también se derraman sobre … todas las mujeres fieles de la Iglesia … El Señor ofrece a Sus hijas todos los dones y las bendiciones espirituales que pueden obtener Sus hijos”.

Sin embargo, muchas veces, como mujeres olvidamos o no comprendemos cabalmente las bendiciones a las que tenemos derecho cuando guardamos nuestros convenios —en especial aquellos que hacemos en el santo templo. Es una declaración audaz decir que tenemos derecho a recibir bendiciones, ya que sabemos que todas las bendiciones que recibimos vienen por medio de la gracia de Dios. Sin embargo, cuando comenzamos a comprender el significado del juramento y convenio del sacerdocio, también comenzamos a ver cómo esto es posible.

Aunque las mujeres no poseen o reciben el sacerdocio en sí mismo, al hacer y guardar convenios del sacerdocio, magnificar sus llamamientos, guardar los mandamientos, recibir a los siervos del Señor y vivir de toda palabra que sale de la boca de Dios, recibirán las mismas bendiciones prometidas a los hombres que poseen y ejercen rectamente el sacerdocio. ¿Cuáles son esas bendiciones prometidas? Ser santificadas por el Espíritu, ser contadas entre los escogidos de Dios y recibir todo lo que el Padre tiene.

¡Cuánta esperanza, gozo y consuelo recibo cada vez que pienso en la posibilidad de recibir semejantes bendiciones de Dios! Sin embargo, cada vez que reflexiono sobre ellas, también recuerdo que aquellas bendiciones que anhelo dependen de que me esfuerce por guardar los convenios que hice con Él.

De izquierda a derecha: la hermana Sharon Eubank, la Dra. Hafsa Ahmed, la hermana Becky Craven y la hermana Noeline Odgers posan para una fotografía luego de un recorrido por la Mezquita Al Noor en Christchurch, Nueva Zelanda, en octubre de 2019. Lincoln Reid
De izquierda a derecha: la hermana Sharon Eubank, la Dra. Hafsa Ahmed, la hermana Becky Craven y la hermana Noeline Odgers posan para una fotografía luego de un recorrido por la Mezquita Al Noor en Christchurch, Nueva Zelanda, en octubre de 2019. Lincoln Reid Credit: Lincoln Reid

Han pasado muchos años desde que recibí mi bendición patriarcal, pero recuerdo la experiencia vívidamente. En ese momento, tenía 14 años. Incluso ahora, casi puedo sentir las manos del patriarca Thomas F. Crow sobre mi cabeza mientras pronunciaba una bendición del Señor. Las impresiones que me vinieron a la mente fueron más que simplemente las palabras que él habló. Al mirar hacia mi futuro por un breve momento, tuve un abrumador sentimiento de amor. Era el amor de un bondadoso Padre Celestial por una de Sus (muchas) hijas. Sabía que Él anhelaba que volviera a vivir con Él.

Esa experiencia ha moldeado muchas decisiones que he tomado a lo largo de mi vida. Sabía que, para lograr esas bendiciones deseadas, tendría que hacer mi parte.

Ahora veo que aún hay más que nuestro Padre desea que yo reciba, aún más de lo que se expresaba en mi bendición patriarcal. Apenas puedo comprender que “todo lo que mi Padre tiene” puede ser mío si guardo mis convenios. Pero puedo vislumbrarlo al reflexionar sobre mis convenios del templo.

¿Pueden visualizar cómo sería “ser reyes y sacerdotes y reinas y sacerdotisas, y poseer la plenitud de las bendiciones del reino celestial”? (Joseph Fielding Smith, Answers to Gospel questions [Respuestas a preguntas del evangelio], 1971).

Nuestro amado profeta, Russell M. Nelson, continúa recordándonos que las profundas bendiciones del sacerdocio están disponibles para todos los hijos fieles del Padre. “Tanto las mujeres como los hombres que guardan sus convenios tienen acceso a ‘todas las bendiciones espirituales de la iglesia’, o bien, podríamos decir, a todos los tesoros espirituales que el Señor tiene para Sus hijos”.

La vida eterna con mi familia, en compañía de Elohim y Jehová, es la bendición que deseo por encima de todo. Estoy agradecida por la esperanza, expectativa e incluso seguridad de que, si guardo mis convenios, nuestro Padre Celestial cumplirá Su juramento y las bendiciones que más anhelo se harán realidad.

La hermana Becky Craven visita a un grupo de mujeres jóvenes en Fiyi durante un viaje al Área Pacífico, en octubre de 2019.
La hermana Becky Craven visita a un grupo de mujeres jóvenes en Fiyi durante un viaje al Área Pacífico, en octubre de 2019. Credit: Intellectual Reserve, Inc.