Hermanas de la Sociedad de Socorro en ciudad colombiana hacen mascarillas y entregan protección y esperanza

Hace días, un equipo pequeño de periodistas del New York Times publicó un relato aleccionador sobre su reciente viaje de carretera por una amplia franja de Colombia, una nación sudamericana sacudida por la pandemia actual. 

Entre sus viajes se incluyó una parada en Bucaramanga —una ciudad exuberante de tamaño mediano en el extremo norte del país con el acertado apodo de “La ciudad de los parques”.

 A pesar de su ubicación en el interior, Bucaramanga no ha podido eludir la atención del COVID-19. Tal como se ha visto en una creciente cantidad de ciudades en toda Latinoamérica, Bucaramanga y sus comunidades vecinas están luchando una batalla campal en contra de la enfermedad. Las cuarentenas, los informes de nuevos casos y, tristemente, las actualizaciones de fallecimientos son parte de la rutina diaria de la región. 

Y, al igual que sus hermanos en todo el mundo, los santos de los últimos días allí están enlistados en la lucha para detener la propagación del virus, una mascarilla a la vez.

Una hermana de la Sociedad de Socorro de Bucaramanga, Colombia, hace mascarillas como parte de un proyecto de servicio local para proteger a otros del COVID-19.
Una hermana de la Sociedad de Socorro de Bucaramanga, Colombia, hace mascarillas como parte de un proyecto de servicio local para proteger a otros del COVID-19. Credit: Intellectual Reserve, Inc.

Los equipos de hermanas de la Sociedad de Socorro del área metropolitana de Bucaramanga están uniendo fuerzas a fin de producir y distribuir cientos de mascarillas para las comunidades más afectadas por el virus.

Podríamos llamarlo una versión colombiana del bien publicitado esfuerzo de producción de mascarillas llamado ProjectProtect (Proyecto Proteger) que se originó recientemente en la sede de la Iglesia en Salt Lake City.

“En nuestra búsqueda continua de servir a los demás, nuestras hermanas ven esto como una oportunidad de actuar”, le dijo a Church News Ludivia Gallego, la presidenta de la Sociedad de Socorro del Barrio Villa de San Carlos (Estaca Bucaramanga Colombia).

Desde la seguridad de los cuartos de costura de sus hogares, las hermanas de la Sociedad de Socorro local trabajan siguiendo un modelo de diseño específico para coser las mascarillas. Luego, las mascarillas caseras se distribuyen a las áreas necesitadas en toda la región de Bucaramanga, a menudo con la ayuda de los hermanos para realizar el transporte.

“He sentido un gozo y satisfacción de saber que estoy cumpliendo con el mandato del Señor de prestar servicio al prójimo”, le dijo Cristina Villamizar a la Sala de Prensa.

Gallego, Villamizar y otras voluntarias de la Sociedad de Socorro están trabajando en conjunto con organizaciones cívicas locales para asegurar que las mascarillas sean entregadas y utilizadas por sus vecinos más vulnerables, incluidos los ancianos y las personas con problemas de salud.

Cada mascarilla donada, dijo Gallego, representa “una gran sonrisa” de las hermanas de la Sociedad de Socorro. Puede que las mascarillas protectoras cubran la mayor parte de la cara —pero la gratitud de quienes las reciben no se puede esconder detrás de la tela.

Los poseedores del sacerdocio de Bucaramanga, Colombia, entregan bolsas llenas de mascarillas caseras hechas por las hermanas de la Sociedad de Socorro local.
Los poseedores del sacerdocio de Bucaramanga, Colombia, entregan bolsas llenas de mascarillas caseras hechas por las hermanas de la Sociedad de Socorro local. Credit: Intellectual Reserve, Inc.

“Esos corazones de ustedes tan generosos, es lo que necesita Colombia y el mundo”, les dijo a los miembros un representante del Asilo Mayor San Francisco Javier durante un esfuerzo reciente de distribución de mascarillas.

Si bien el proyecto de las mascarillas en el área de Bucaramanga comenzó con las hermanas de la Sociedad de Socorro del Barrio Villa de San Carlos, otras unidades de la Sociedad de Socorro de toda la ciudad se están uniendo a los esfuerzos de producción de mascarillas.

Gallego dijo que ayudar a los demás a protegerse del virus altamente infeccioso es una bendición para todas las que trabajan con las máquinas de coser, hacen y distribuyen las mascarillas.  

“Esta ha sido una experiencia muy enriquecedora”, añadió. “Este es el evangelio del Salvador … y se nos ha recordado nuevamente que se gana mucho más al dar que al recibir”.