Presidente Eyring en el Seminario de Liderazgo Misional: Nunca solos en la obra del Señor

El presidente Henry B. Eyring ofreció un mensaje sencillo, pero sustentador para los nuevos presidentes de misión, sus compañeras y los misioneros a quienes sirven: Nunca están solos en la obra del Señor.

Hablando el 26 de junio en el Seminario de Liderazgo Misional 2020, el segundo consejero de la Primera Presidencia señaló que todas las parejas que participan en esta reunión anual provienen de una variedad de experiencias y circunstancias. Sus nuevos llamamientos pueden ser abrumadores, y tienen consecuencias eternas.

“Es posible que haya momentos en los que se pregunten si el llamamiento que tienen les sobrepasa”, dijo el presidente Eyring con su ternura característica. “He tenido esos momentos y he aprendido lo importante que es desterrarlos rápidamente. Si los dejan más tiempo, crecen y el poder de ustedes para servir disminuye. Eso sería tan peligroso para sus misioneros como lo es para ustedes y para mí”.

Cada vez que enfrenta episodios de dudas sobre sí mismo mientras se esfuerza “en un llamamiento del Señor que pareció sobrepasarme”, el presidente Eyring dijo que ha sido animado por una impresión en su mente y en su corazón.

El presidente Henry B. Eyring, segundo consejero en la Primera Presidencia, habla el viernes, 26 de junio de 2020 en el Seminario de Liderazgo Misional 2020.
El presidente Henry B. Eyring, segundo consejero en la Primera Presidencia, habla el viernes, 26 de junio de 2020 en el Seminario de Liderazgo Misional 2020. Credit: Intellectual Reserve, Inc.

“Es este simple hecho: Ustedes y sus misioneros nunca están solos en la obra del Señor”.

Enseñando de Jacob 5, el presidente Eyring dijo que la alegoría del olivo es un recordatorio del gozo que se encuentra al trabajar junto al Señor de la viña. Juntos, disfrutan del fruto bendito de su trabajo.

“He sentido ese gozo a menudo, y ustedes también”, dijo él. “Y he visto con los ojos de la fe no solo que yo no trabajaba solo, sino que el Señor y otros siervos eran generosos más allá de toda medida al permitirme compartir el gozo por mis pequeños esfuerzos”.

Añadió que la certeza de que uno esté calificado para un llamamiento sagrado proviene del Señor. “No es lo que hemos hecho nosotros que importa, sino cómo nuestros corazones han sido cambiados a través de nuestra fiel obediencia. Y solo Dios sabe eso”.

Solo el Señor es una fuente certera de esta seguridad: Bien, buen siervo y fiel.

“El galardón que más necesitamos es saber que al servirle fielmente, nos hemos vuelto más como Él.

“Esa comprensión podría dar forma a los elogios que le dan a sus misioneros. Los elogiarán más por aquello en que se están convirtiendo que por lo que han hecho. Los ayudarán a reconocer el crecimiento de su carácter. Les dirán cómo lo que han hecho ha permitido que ustedes disciernan en ellos aquello que Dios les ayudó a llegar a ser”.

“Predicad Mi Evangelio” enseña a los misioneros sinceros que cuando hacen lo mejor que pueden —incluso en medio de decepciones— pueden estar seguros de que el Señor está complacido y trabajando a través de ellos. 

“Para mí, la evidencia más segura de aprobación de que el Señor confía en mí es que Él envía al Espíritu para testificarme, guiarme y ayudarme en la cosecha. Me parece que eso solo viene después de orar, escudriñar las escrituras y las palabras de los profetas vivientes, obedecer con exactitud, amar a los demás, escuchar humildemente al Espíritu y trabajar incluso cuando hacerlo es largo y doloroso”.

El presidente Eyring enseñó que, en el servicio del Señor, el Espíritu Santo viene solo después de que un siervo haya dado todo lo que puede ofrecer. Para un presidente de misión o su compañera, “Eso puede significar que al final de un día largo haga una llamada telefónica más a un misionero que lo necesite. Es el Espíritu Santo quien nos limpia y a la vez nos transmite la aprobación del Señor”.

El líder de la Iglesia identificó cinco características de “un siervo del Señor completamente calificado”: la templanza, la paciencia, la bondad fraternal, la caridad y la humildad. Los siervos no trabajan solos y deben ayudar a los demás. E incluso si, como Moroni, un siervo trabaja aislado, los corazones de los demás pueden ser conmovidos.

El presidente Russell M. Nelson y sus consejeros en la Primera Presidencia participan del Seminario de Liderazgo Misional 2020, transmitido a todo el mundo por medio de la tecnología el 26 de junio de 2020.
El presidente Russell M. Nelson y sus consejeros en la Primera Presidencia participan del Seminario de Liderazgo Misional 2020, transmitido a todo el mundo por medio de la tecnología el 26 de junio de 2020. Credit: Intellectual Reserve, Inc.

“Moroni seguramente debe haber estado solo, pero en su corazón, no estaba solo”, dijo él. “Lean su mensaje y sentirán su paciencia, su caridad, incluso por sus enemigos mortales, y su amor por aquellos que nunca conocería en esta vida. Vivía solo, pero estaba sirviendo a otros que no podía ver con los ojos físicos. Así que, no trabajó sin desear en su corazón lo mejor para los demás. Estaba enseñando como los siervos de Dios siempre lo hacen”.

Los presidentes de misión y sus compañeras, agregó, son maestros que están obligados a ayudar a sus misioneros a crecer en su propia capacidad para enseñar a otros. “Deben progresar cada vez más al crear fe en Dios mientras enseñan. Eso requerirá enseñar con el Espíritu de una manera que pueda conmover los corazones y traer un poderoso compromiso de arrepentimiento”.

Los misioneros deben hacer más que solo convencer a los que dudan. Deben ablandar esos corazones lo suficiente como para permitir que el Espíritu Santo les enseñe y testifique.

El presidente Eyring luego habló de la importancia de que los misioneros sientan “el verdadero amor de Dios” por las personas que enseñan.

“Se necesita fe en el Salvador de que Él ama a cada alumno lo suficiente como para haber pagado el precio por sus pecados. 

“Con algunas de las personas a las que sus misioneros enseñarán, eso requerirá mucha fe. Se requerirá el trabajo de la oración y el estudio de las escrituras para obtener esa fe y sentir ese amor. Se necesita más que un sentimiento de simpatía. Puede requerir pedirle al alumno que se comprometa a hacer cosas difíciles. Abinadí amaba al rey Noé cuando le advirtió que se arrepintiera, hizo eso sabiendo que le costaría la vida”.

Un misionero que enseñe con amor tiene más probabilidad de generar amor por el Maestro, dijo el presidente Eyring.

“La enseñanza es solo una de las formas en que trabajamos con otros y para otros en nuestro servicio misional. Pero todas esas labores deben surgir del amor de Dios para ser eficaces”.

El presidente Micah D. Rolfe (derecha) y la hermana Marie Rolfe, que pronto presidirán la Misión Nueva Jersey Morristown, se toman una selfi con otros participantes del Seminario de Liderazgo Misional 2020 que están en el monitor a sus espaldas.
El presidente Micah D. Rolfe (derecha) y la hermana Marie Rolfe, que pronto presidirán la Misión Nueva Jersey Morristown, se toman una selfi con otros participantes del Seminario de Liderazgo Misional 2020 que están en el monitor a sus espaldas. Credit: Fotografía cortesía de la hermana Marie Rolfe

Añadió que nutrir a una persona con el amor de Dios pone en marcha una reacción en cadena que bendecirá a los demás.

“Eso es lo que harán ustedes”, dijo el presidente Eyring. “Conmoverán a algunos pocos, y ellos, a su vez, conmoverán a otros. Y en los años venideros, ustedes descubrirán que los frutos de su labor fueron multiplicados cien veces por aquellos con quienes sirvieron. 

“Y, sobre todo, verán que fue el servicio amoroso del Padre Celestial, del Salvador del mundo y del Espíritu Santo lo que les permitió a ustedes ser bendecidos con paz aquí y gozo en el reino celestial, para nunca sentirse solos”.