Presidente Oaks en el Seminario de Liderazgo Misional: ‘Sacrificios adecuados a nuestras propias circunstancias’

Los líderes de misión en todo el mundo presiden misioneros “cuya variedad es única en la historia de la Iglesia” debido a los relevos extraordinarios, reasignaciones y ajustes durante la pandemia del COVID-19. Sus sacrificios subrayan “el espíritu de la obra misional”, dijo el presidente Dallin H. Oaks, primer consejero de la Primera Presidencia.

“Durante los dos siglos transcurridos desde la Primera Visión, los sacrificios hechos en medio de grandes interrupciones, ubicaciones y asignaciones cambiantes de los santos de los últimos días han sido una constante, no una excepción”, dijo él.

Al hablar a 135 parejas que participaron en el Seminario de Liderazgo Misional 2020, el presidente Oaks reconoció que los misioneros de hoy han elegido aceptar la voluntad del Señor con humildad y de buena gana en cualquier circunstancia.

“Ese es el espíritu de la obra misional en el evangelio restaurado de Jesucristo”, dijo él. “El mensaje central de ese evangelio es la Expiación de Jesucristo, Su resurrección y Su sufrimiento para el arrepentimiento de nuestros pecados”.

Los líderes de misión deben enseñar a sus misioneros esa “base de roca”, tal como la calificó el difunto élder Bruce R. McConkie, y asegurar que sea fundamental para su enseñanza y testimonio, dijo el presidente Oaks.

“El sacrificio voluntario de nuestro Salvador es el ejemplo que nos guía a lo largo del sendero de los convenios. Como miembros de la Iglesia y misioneros, seguimos ese ejemplo mediante sacrificios adecuados a nuestras propias circunstancias”.

Una historia de sacrificio

El presidente Oaks citó casos de sacrificios de líderes y miembros de la Iglesia cuando inició la Iglesia, incluidos Brigham Young y Heber C. Kimball, que fueron llamados a dejar sus hogares y a sus familias enfermas para servir en una misión.

Abinadi Olsen, el bisabuelo del presidente Dallin H. Oaks, fue llamado a una misión en 1895, a los 29 años, con una esposa y cuatro hijos.
Abinadi Olsen, el bisabuelo del presidente Dallin H. Oaks, fue llamado a una misión en 1895, a los 29 años, con una esposa y cuatro hijos. Credit: Intellectual Reserve, Inc.

“La separación dolorosa de los miembros de la familia y otros sacrificios personales, siempre ha sido parte de nuestra labor misional, cuyos sacrificios siempre traen las bendiciones del cielo”, dijo él.

El presidente Oaks mencionó varios ejemplos de sacrificios y separaciones del siglo XIX. Su bisabuelo de 29 años, Abinadi Olsen, dejó a su esposa y cuatro hijos en Castle Dale, Utah, en 1895, para servir en una misión de tres años y medio en Samoa.

Joseph F. Smith, hijo de un padre asesinado, a los 9 años preparó y condujo una yunta de bueyes para su madre viuda cuando se unieron a los pioneros que cruzaban las llanuras.

Y Nancy Alexander Tracy, cuyo bautismo a los 18 años con su esposo en Nueva York, en 1834, fue seguido por mudanzas y sacrificios con otros santos de los últimos días en Kirtland, Far West, Nauvoo, Winter Quarters y luego a Ogden, para más tarde ir a Provo, en el actual Utah. En medio de todo, los Tracy sufrieron la pérdida de propiedades y la muerte de tres niños.

“A veces sentí que no podía soportar más, entonces mi Padre Celestial me fortalecía, y me sentía humilde y resignada al saber que el pueblo de Dios siempre tuvo que sufrir persecución”, escribió Nancy Tracy, cerca del final de su vida.

“Siempre sentí que mi religión valía más para mí que cualquier otra cosa en el mundo, y me sentí determinada a vivirla, pasara lo que pasara. A pesar de todos mis sufrimientos, nunca he dudado, sino que me aferraba al evangelio y alentaba a otros con todo el poder que tenía yo para hacer lo mismo”.

Nancy Alexander Tracy, conversa de la Iglesia en 1834, a los 18 años, en Nueva York, se mudó a Kirtland, Far West, Nauvoo, Winter Quarters y luego a Ogden y Provo en el actual Utah, perdió tres hijos y sus posesiones por circunstancias extremas y persecuciones.
Nancy Alexander Tracy, conversa de la Iglesia en 1834, a los 18 años, en Nueva York, se mudó a Kirtland, Far West, Nauvoo, Winter Quarters y luego a Ogden y Provo en el actual Utah, perdió tres hijos y sus posesiones por circunstancias extremas y persecuciones. Credit: Intellectual Reserve, Inc.

Otros sacrificios incluyen conversos que son desposeídos por la familia y obligados a emigrar; santos de los últimos días enviados en expediciones colonizadoras por todo el oeste, Canadá y México; miembros de la Iglesia que huyen para evitar el enjuiciamiento penal por el matrimonio plural; y servicio militar a lo largo de muchas décadas, a veces a expensas del servicio misional.

Hoy se requieren sacrificios similares, señaló el presidente Oaks, y agregó que aquellos que aman al Señor y buscan seguirlo nunca han escapado del sufrimiento.

“Aguantar y continuar con un propósito nos refina para la exaltación que buscamos. Los sacrificios personales brindan una oportunidad perfecta para enseñar a los misioneros sobre nuestros predecesores y los principios que vivieron mientras luchaban en la senda del convenio”.

Les dijo a los nuevos líderes de misión que les recordaran a sus misioneros la historia de la Iglesia y los sacrificios de sus miembros y líderes.

“Aliéntelos a reflexionar sobre el hecho de que sus interrupciones e inconvenientes en la pandemia actual no son únicos en la obra del Señor o en la vida de sus antepasados o compañeros de la Iglesia. Enséñeles a recordar la herencia de fe de aquellos que nos han precedido. 

“¿Cómo soportaron nuestros predecesores la clase de perturbaciones y persecuciones que enfrentaron?”, preguntó él. “Tenían fe en Dios y confiaban en sus promesas y en Su plan eterno, tal como lo hacemos nosotros”.

Otros desafíos actuales

El presidente Oaks concluyó destacando otros cuatro desafíos actuales para los líderes de misión.

1. Debido a la pandemia del coronavirus, los misioneros están experimentando cambios fundamentales en cómo y dónde pueden compartir el evangelio.

“Ninguno de nosotros y ninguno de nuestros misioneros debería considerar estos cambios como nuevos obstáculos”, dijo él. “Deberíamos verlos como ventajas para ayudarnos a definir nuestras prácticas para ser más eficaces”.

Los desafíos no solo ayudarán a pulir a esos hombres y mujeres jóvenes en su servicio misional, sino que los prepararán mejor para el liderazgo en sus hogares, en la Iglesia y en el mundo.

2. El desafío de los misioneros que desean ser relevados antes de tiempo es muy real.

Un presidente de misión, actualmente en servicio, le contó al presidente Oaks acerca de dos misioneros, uno que exigía regresar a casa antes de tiempo y otro que había luchado a través de dificultades similares dos años antes, cumpliendo compromisos personales, sirviendo todo el tiempo de su llamamiento y progresando hasta convertirse en un siervo maduro y exitoso del Señor.

La diferencia, dijo el presidente de misión, fue centrar las decisiones en el Salvador en lugar de en uno mismo.

3. Muchas presiones mundanas pueden obstaculizar el progreso, y esto no es nuevo.

El presidente Oaks citó al presidente Joseph F. Smith, hace más de un siglo: “Hay una clase de santos de los últimos días que… desean que nuestra religión se ajuste a las doctrinas y deseos de otras personas. Parecen estar más preocupados por estar en armonía con los hombres del mundo que por vivir de acuerdo con los principios del evangelio. …

Una pintura muestra a Joseph F. Smith, de 9 años, conduciendo una yunta de bueyes a través de las llanuras para su madre viuda, de camino al valle de Salt Lake.
Una pintura muestra a Joseph F. Smith, de 9 años, conduciendo una yunta de bueyes a través de las llanuras para su madre viuda, de camino al valle de Salt Lake. Credit: Intellectual Reserve, Inc.

“Ser un santo de los últimos días requiere el sacrificio de objetivos y placeres mundanos; requiere fidelidad, fuerza de carácter, amor a la verdad, integridad a los principios y un celoso deseo de ver la marcha triunfante y hacia adelante de la verdad. Esto significa que a menudo nuestra posición debe ser impopular. Significa una batalla interminable contra el pecado y la mundanalidad”.

4. Como nos enseña el Libro de Mormón, existimos “para que [tengamos] gozo” (2 Nefi 2:25).

“El gozo llega al saber que nuestra identidad fundamental es que somos hijos de Padres Celestiales que nos aman”, dijo él. “El gozo llega al saber que nuestro Padre Celestial creó este mundo para dar a Sus hijos espirituales la experiencia terrenal que debemos tener para lograr nuestro destino eterno. 

“El gozo central de Su plan es el conocimiento seguro de que tenemos un Salvador, el Señor Jesucristo, cuya Expiación nos da la seguridad de la inmortalidad y la oportunidad de la vida eterna”.