Liz Darger: Podemos enseñar y hablar con poder y autoridad de Dios

Nota del editor: Esta narración es parte de una serie de Church News titulada “Mujeres del convenio”, en la que las mujeres de la Iglesia hablan de sus experiencias personales con el poder del sacerdocio y comparten lo que han aprendido al seguir el consejo del presidente Russell M. Nelson de “trabajar con el Espíritu para comprender el poder de Dios, o sea, el poder del sacerdocio” (“Tesoros espirituales”, conferencia general de octubre de 2019).

En el discurso del presidente Russell M. Nelson en la conferencia general de octubre del 2019 “Tesoros espirituales”, él enseñó: “Como mujeres Santos de los Últimos Días rectas e investidas, ustedes hablan y enseñan con el poder y la autoridad de Dios”. En El Libro de Mormón aprendemos acerca de Abinadí, quien testificó con valentía de Jesucristo. Él habló ante el rey Noé y sus sacerdotes con poder y autoridad de Dios. Emma Smith es otro ejemplo. En Doctrina y Convenios 25, se le instruyó “para explicar las Escrituras y para exhortar a la iglesia, de acuerdo con lo que te indique mi Espíritu”. Y más tarde el Señor proclamó, “Y de cierto, de cierto te digo, que esta es mi voz a todos”.

Al aceptar la invitación del presidente Nelson de estudiar con espíritu de oración las secciones 25, 84 y 107 de Doctrina y Convenios, comencé un alegre viaje de descubrimiento. Con el Espíritu Santo como mi tutor, he llegado a una mejor comprensión de mi investidura del poder del sacerdocio de Dios y de cómo accederlo al guardar mis convenios.

Liz Darger, miembro de la mesa directiva general de las Mujeres Jóvenes.
Liz Darger, miembro de la mesa directiva general de las Mujeres Jóvenes. Credit: Intellectual Reserve, Inc.

En mi profesión y en mi servicio en la Iglesia, tengo muchas oportunidades para enseñar la doctrina de Jesucristo y dar testimonio de Él. Al conversar con aquellos que no son de nuestra religión, a menudo se me pide que explique mis creencias como miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. A veces estas experiencias son en entornos privados, uno a uno, con colegas de confianza. He encontrado gran gozo en estos entornos, donde el compartir y escuchar están equilibrados, y un sentimiento mutuo de respeto está presente.

Otras veces, se me pide que explique y defienda mis creencias frente a una gran audiencia pública. El ambiente puede ser intimidante al encontrarme rodeada de líderes en mi profesión, muchos de los cuales tienen creencias diferentes y no me conocen.

Al ingresar a un entorno como ese, el mundo profesional podría dar el consejo de “finge hasta que lo logres”; y antes en mi vida ciertamente hice mi parte de «fingir». Sin embargo, a medida que he llegado a comprender mejor mi identidad como una hija de Padres Celestiales y mi propósito como una discípula de Jesucristo quien ha sido investida con el derecho al poder del sacerdocio, he sentido una confianza extraordinaria al enseñar y testificar la verdad. He sentido el poder de Dios fluyendo a través de mí en un sentido muy real. No hay necesidad de fingir nada cuando lo real está disponible. La confianza que siento es real, porque Dios es real. Y Su poder es real.

En una ocasión en particular sentí que me criticaban injustamente frente a un grupo grande. Me sentí señalada, incomprendida, sola y nerviosa en cuanto a cómo responder. En ese momento, dije una oración en silencio. Esa mañana había adorado en el templo y tenía fe en que podría invocar los poderes del cielo para que me ayudaran.

Liz Darger con sus 13 sobrinas y sobrinos en el cañón de Provo.
Liz Darger con sus 13 sobrinas y sobrinos en el cañón de Provo. Credit: Cortesía de Liz Darger

Al responder a las críticas, sentí un espíritu fuerte y supe que las palabras no eran mías. La tensión se disipó y se abrió una puerta permitiendo un futuro e importante diálogo. El élder D. Todd Christofferson enseñó: “El Espíritu Santo es el que confirma tus palabras cuando enseñas y testificas. Es el Espíritu Santo que, al hablar en situaciones hostiles, pone en tu corazón las palabras que debes decir y cumple la promesa del Señor de que ‘no seréis confundidos delante de los hombres’” (“El poder de los convenios”, conferencia general de abril del 2009).

Al expresar la fuente de mi confianza, soy consciente de lo arrogante que puede sonar. “¿En serio?”, puedo oír a un crítico decir. “¿Ella cree que habla con poder de Dios? ¿Quién se cree que es?”.

Tuve algunos pensamientos similares antes en mi vida; no creía que Dios obraría a través de alguien tan común como yo. Pero a medida que continúo en la senda del convenio, orando para comprender la voluntad de Dios para mí y siguiendo las impresiones del Espíritu Santo, he aceptado humildemente y testifico libremente de esta verdad —que todas las mujeres y hombres que hacen y guardan convenios sagrados con Dios en Su santo templo tienen acceso directo al poder de Su sacerdocio.

Liz Darger, centro, con el entrenador Ed Eyestone (campo traviesa masculino) y el entrenador Diljeet Taylor (campo traviesa femenino) después de que el equipo masculino de campo traviesa ganara el campeonato nacional de la NCAA 2019 y el equipo femenino de campo traviesa quedaran como finalistas nacionales de la NCAA.
Liz Darger, centro, con el entrenador Ed Eyestone (campo traviesa masculino) y el entrenador Diljeet Taylor (campo traviesa femenino) después de que el equipo masculino de campo traviesa ganara el campeonato nacional de la NCAA 2019 y el equipo femenino de campo traviesa quedaran como finalistas nacionales de la NCAA. Credit: BYU Photo

No hay nada extraordinario en mí, es la fuente de mi confianza lo que es extraordinario, porque la fuente y el autor de mi confianza es Dios. Como explicó el élder Christofferson: “¿Cuál es la fuente de ese poder moral y espiritual, y cómo lo obtenemos? La fuente es Dios. Nuestro acceso a ese poder es a través de nuestros convenios con Él”.

Nuestro querido profeta nos ruega que hagamos nuestra parte. “Ya sea por exhortación o conversación, necesitamos su voz para enseñar la doctrina de Cristo”. Sigamos su consejo. Enseñemos y hablemos con poder y autoridad de Dios.