Tara Mickelsen: Las mujeres enseñan y nutren mediante el poder del sacerdocio

Nota del editor: Esta narración es parte de una serie de Church News titulada “Mujeres del convenio”, en la que las mujeres de la Iglesia hablan de sus experiencias personales con el poder del sacerdocio y comparten lo que han aprendido al seguir el consejo del presidente Russell M. Nelson de “trabajar con el Espíritu para comprender el poder de Dios, o sea, el poder del sacerdocio” (“Tesoros espirituales”, conferencia general de octubre de 2019).

Recientemente, mientras estudiaba el Libro de Mormón junto con “Ven, sígueme”, estaba leyendo acerca de los 2.000 jóvenes guerreros y me pregunté algo que muchas veces me he preguntado al leer estos capítulos: “¿Por qué estos jóvenes eran tan valientes?”.

En el libro de Alma, leemos: “Hasta entonces nunca habían combatido; no obstante, no temían la muerte, y estimaban más la libertad de sus padres que sus propias vidas; sí, sus madres les habían enseñado que si no dudaban, Dios los libraría. Y me repitieron las palabras de sus madres, diciendo: No dudamos que nuestras madres lo sabían” (Alma 56:47-48).

Tara Lee Mickelsen, miembro de la mesa directiva general de la Primaria.
Tara Lee Mickelsen, miembro de la mesa directiva general de la Primaria. Credit: Intellectual Reserve, Inc.

Más tarde, Helamán le relata lo siguiente a Moroni: “Y mientras que el resto de nuestro ejército se encontraba a punto de ceder ante los lamanitas, he aquí, estos dos mil sesenta permanecieron firmes e impávidos. Sí, y obedecieron y procuraron cumplir con exactitud toda orden; sí, y les fue hecho según su fe; y me acordé de las palabras que, según me dijeron, sus madres les habían enseñado” (Alma 57:20-21).

A medida que meditaba sobre la dedicación y el valor de estos jóvenes, se me ocurrió que una gran cantidad de sus madres criaron a sus hijos solas porque muchos de sus esposos habían muerto a manos de los lamanitas luego de haber hecho convenio de no luchar. Me pregunté cómo pudieron estas madres, a pesar de estar solas, inculcar en sus hijos semejante compromiso y confianza en Dios. 

He llegado a la conclusión de que esas madres recurrieron a la guía del Espíritu Santo —obtenida al hacer y guardar convenios— a fin de enseñar a sus hijos, a pesar de que muchas no tenían un poseedor del sacerdocio en sus hogares. 

En su discurso titulado “Tesoros espirituales”, de la conferencia general de octubre de 2019, el presidente Russel M. Nelson nos recordó lo siguiente: “Los cielos están abiertos de igual manera para las mujeres que han sido investidas con el poder de Dios que procede de sus convenios del sacerdocio como para los hombres que son poseedores de dicho sacerdocio”.

Mientras crecía yo, mi madre pasó por más de un divorcio. Como resultado, hubo ocasiones en las que no teníamos un poseedor del sacerdocio en nuestro hogar. Sin embargo, a pesar de los desafíos que enfrentaba, mi madre se tomaba en serio la responsabilidad de enseñarnos el evangelio a mí y a mis hermanos. 

Tara Mickelsen (a la izquierda) con su madre, Anita Freeman Bennett, y su hermano, Todd Nielsen.
Tara Mickelsen (a la izquierda) con su madre, Anita Freeman Bennett, y su hermano, Todd Nielsen. Credit: Cortesía de Tara Mickelsen

Recuerdo que me sentaba regularmente en la mesa de la cocina cuando tenía cerca de 8 años para estudiar las escrituras con mi madre. Recuerdo, en particular, que ella trabajaba con nosotros para memorizar una lista de versículos de las escrituras que se citan a menudo. Hasta el día de hoy, todavía recuerdo de memoria esas escrituras, y me han brindado perspectiva y paz muchas veces durante el curso de mi vida.

Creo que mi madre se adhirió a sus convenios y recurrió al poder del sacerdocio para guiarnos y enseñarnos a mí y a mis hermanos aun cuando, en ocasiones, era una madre soltera. 

El presidente Nelson dio esta instrucción adicional: “Si han sido investidas, pero actualmente no están casadas con un hombre que posea el sacerdocio y alguien les dice: ‘Lamento que no tenga el sacerdocio en su hogar’, por favor, comprendan que esa declaración es incorrecta. Es posible que en su hogar no haya un poseedor del sacerdocio, pero ustedes han recibido y han hecho convenios sagrados con Dios en Su templo. De esos convenios fluye sobre ustedes una investidura del poder del sacerdocio de Él” (“Tesoros espirituales”, conferencia general de octubre de 2019).

Luego de que mi madre falleciera en un accidente automovilístico a los 54 años, cada uno de mis cinco hermanos y yo le escribimos una carta de gratitud que nuestro tío leyó en su funeral. Cada uno de nosotros expresó su aprecio por su devoción a la oración y al estudio de las escrituras a lo largo de su vida, declarando que todos lo habíamos convertido en un hábito diario como resultado de su ejemplo. 

A menudo pienso en la instrucción que se da en “La familia: Una proclamación para el mundo”, que declara lo siguiente: “La madre es principalmente responsable del cuidado de sus hijos”. No creo que el Señor les daría a las mujeres una responsabilidad tan importante sin brindarles acceso al poder del sacerdocio para dirigir esta importante obra.

Tara Mickelsen con su madre, Anita Freeman Bennett, el día de su boda.
Tara Mickelsen con su madre, Anita Freeman Bennett, el día de su boda. Credit: Cortesía de Tara Mickelsen

También creo que esto se aplica a todas las mujeres. Seamos madres o no, todas las mujeres nutrimos, ministramos y ejercemos nuestra influencia en los niños. 

En su discurso “Un llamamiento especialmente noble”, la presidenta de la Primaria, Joy D. Jones, dijo: “Hoy admito en lo personal que, como mujer, no había entendido, desde temprana edad, que yo tenía acceso, mediante mis convenios, al poder del sacerdocio. Hermanas, ruego que reconozcamos y atesoremos el poder del sacerdocio al ‘adh[erirnos] a [nuestros] convenios’, abrazar las verdades de las escrituras y dar oído a las palabras de los profetas vivientes”.

También debo admitir, junto con la presidenta Jones, que no ha sido sino en los últimos años que he comenzado a comprender mejor el poder del sacerdocio y mi propio acceso a su influencia que cambia vidas. Estoy agradecida a mi madre y las muchas otras mujeres de mi vida que han sido un ejemplo de cómo vivir a la altura de sus privilegios y acceder al poder de Dios al cumplir sus responsabilidades.