Boyd Matheson: El signo de exclamación del ‘amén’ final es una sola palabra —adelante

Cuando el presidente Russell M. Nelson dijo “amén” en su testimonio final a la conclusión de la conferencia general de octubre de 2020, inmediatamente me pareció que el crescendo de mensajes inspirados y proféticos había culminado con un poderoso signo de exclamación.

El presidente Nelson declaró: “Y ahora, mis queridos hermanos y hermanas, los bendigo para que sean llenos de la paz del Señor Jesucristo, la cual sobrepasa todo entendimiento terrenal6. Los bendigo con un mayor deseo y capacidad de obedecer las leyes de Dios. Les prometo que si lo hacen, se derramarán bendiciones sobre ustedes, entre ellas más valor, mayor revelación personal, una armonía más dulce en sus hogares, y gozo incluso en medio de la incertidumbre”.

Él concluyó con una invitación y exhortación a cada miembro de la Iglesia. “Ruego que avancemos juntos para cumplir con nuestro mandato divino de prepararnos a nosotros mismos y al mundo para la segunda venida del Señor. Tal es mi oración, junto con la expresión de mi amor por cada uno de ustedes, en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén”.

Durante la oración final, algo cambió en mi visión mental. De repente, mi imagen visual de un signo de exclamación pareció inclinarse hacia adelante, hacia arriba y avanzar. Entonces, reconocí que el “amén” no indicaba que habíamos llegado al enfático final de una conferencia extraordinaria. El “amén” fue el son de una trompeta y una declaración unida de que cada uno de nosotros estaba listo para alistarse a fin de avanzar, extendernos hacia el cielo y trabajar codo a codo para seguir adelante recorriendo la senda de los convenios.

El élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “La fidelidad no es ser insensato ni fanático. Más bien, es confiar y depositar nuestra confianza en Jesucristo como nuestro Salvador, en Su nombre y en Sus promesas. Al ‘seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres’, somos bendecidos con una perspectiva y una visión eternas que se extienden mucho más allá de nuestra limitada capacidad mortal”.

Ver espiritualmente tiene un papel central en seguir adelante y avanzar y, de hecho, comienza al mirar en dirección al cielo. La hermana Michelle Craig, de la presidencia general de las Mujeres Jóvenes, enseñó: “Testifico que Jesucristo nos ama y puede darnos ojos para ver, incluso cuando sea difícil, incluso cuando estemos cansados, incluso cuando nos sintamos solos e incluso cuando los resultados no sean los que esperábamos. Mediante Su gracia, Él nos bendecirá y aumentará nuestra capacidad. Mediante el poder del Espíritu Santo, Cristo nos permitirá vernos a nosotros mismos y ver a los demás como Él lo hace. Con Su ayuda, podemos discernir qué es lo más necesario. Podemos empezar a ver la mano del Señor trabajando y resolviendo los pormenores habituales de nuestra vida; veremos profundamente”.

En medio de grandes desafíos e incertidumbre, a veces nos vemos tentados a simplemente acurrucarnos y esperar. El élder Dieter F. Uchtdorf, del Cuórum de los Doce Apóstoles, explicó cómo podemos seguir adelante y avanzar durante los días difíciles y los tiempos de pruebas cuando dijo: “Afrontamos los hechos y volvemos a lo fundamental, a los principios básicos del evangelio, a lo que más importa. Ustedes fortalecen su conducta religiosa privada, como la oración, el estudio de las Escrituras y el guardar los mandamientos de Dios. Toman las decisiones basándose en las mejores prácticas comprobadas. Se concentran en las cosas que pueden hacer, y no en aquello que no pueden hacer. Se arman de fe y prestan atención a las palabras de guía del Señor y de Su profeta para que los conduzcan a un lugar seguro”.

El élder Gary E. Stevenson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, habló acerca del poder positivo que se les da a quienes están dispuestos a seguir adelante cuando declaró: “Para concluir, escuchen estas palabras alentadoras, entusiastas y edificantes del profeta José Smith. Uno nunca supondría que las escribió en momentos de aflicción y aislamiento, con limitaciones y restricciones, en una casa en Nauvoo, … ‘Ahora, ¿qué oímos en el evangelio que hemos recibido? ¡Una voz de alegría! Una voz de misericordia del cielo, y una voz de verdad que brota de la tierra; gozosas nuevas para los muertos; una voz de alegría para los vivos y los muertos; buenas nuevas de gran gozo’”.

Recientemente, se me recordó que la hermana Wendy Nelson a menudo concluye sus correos electrónicos y mensajes de texto con una sola palabra —“adelante”. Obtuve un nuevo aprecio por esa firma de cierre a lo largo de las sesiones de la conferencia general de octubre. La hermana Nelson siempre está enseñando, elevando y alentando de forma sutil. Esa firma final de una sola palabra —adelante— es inspiradora e increíblemente instructiva.

El profeta nos imploró a cada uno de nosotros, personalmente, que continuemos nuestro trayecto hacia el discipulado cuando dijo: “Mis queridos hermanos y hermanas, si eligen dejar que Dios prevalezca en sus vidas, experimentarán por ustedes mismos que nuestro Dios es ‘un Dios de milagros’. Como pueblo, somos Sus hijos del convenio, y se nos llamará por Su nombre”.

La conferencia general ha terminado. El signo de exclamación del “amén” final se inclina hacia adelante, señala hacia el cielo y nos exhorta a avanzar. Las palabras de nuestro Salvador Jesucristo y los testimonios de los apóstoles, profetas y líderes inspirados marcan la senda, nos guían y, verdaderamente, nos llevan hacia Dios.

“Que el amén resuma nuestro loor, al adorar ante Él” (“Praise to the Lord, the Almighty [Loor al Señor, Todopoderoso]”, Hymns, N.º 72). ¡Adelante!

—Boyd Matheson es el editor de opinión y jefe de alcance estratégico de Deseret News.