Sydney Walker: Doy gracias por correr a campo traviesa en la secundaria; #DaGracias

Mi familia se mudó a Alabama durante el verano antes de mi primer año de la escuela secundaria —un momento no ideal para que una adolescente se mude. Digamos que el asunto me causaba un poco de mal humor. 

Durante las primeras dos semanas después de mudarnos, alguien nuevo venía casi cada noche a darnos la bienvenida con un postre. La hospitalidad sureña es real. A menudo, me hacían una pregunta que no sabía cómo responder: “¿Qué te gusta hacer?”.

Odiaba esa pregunta. No practicaba ningún deporte. No bailaba. Había dejado de leer por diversión. Había dejado de tocar el piano el año anterior. No sentía que fuera “buena” en nada. No tenía ningún pasatiempo “especial”.

Cuando estaba en Arizona, pasar el rato con mis amigos era mi pasatiempo “especial”. En Alabama, yo era la “muchacha nueva” —la muchacha nueva sin amigos y sin un pasatiempo. 

Algunas muchachas de mi clase de las Mujeres Jóvenes en la Iglesia me adoptaron rápidamente como su amiga. Una de ellas, Madeline Williams, me preguntó si quería presentarme a las pruebas de selección del equipo de campo traviesa de la escuela secundaria Oak Mountain High School con ella. 

Acepté sin saber que campo traviesa significaba correr. ¿Quizás campo traviesa significaba visitar los campos del país? Quizás viajar podía ser mi pasatiempo “especial”…

Yo no era una corredora. No era atlética, en absoluto. Cuando comprendí en qué me estaba metiendo, sentí que era demasiado tarde para volver atrás. Y no quería perder a una nueva amiga. 

Así que, fui con Madeline a una práctica de campo traviesa a fines del verano. En comparación con el calor seco de Arizona, el aire tenía mucha humedad, y nunca había sudado tanto en mis 13 años de vida. No podía correr cinco minutos sin tener que detenerme y caminar. Me sentía avergonzada. 

Pero estaba decidida a mejorar. 

Una mañana, no mucho tiempo después, mi madre me llevó a la pista de la escuela secundaria. Me dijo: “Bueno, Syd, hoy vamos a correr tres vueltas sin detenernos. Tú puedes hacerlo”. Creo que lloré y me quejé durante las tres vueltas completas, pero ella corrió a mi lado y me ayudó a terminar. 

Afortunadamente, el entrenador de campo traviesa de la secundaria, Jim Moore, permitía que casi cualquiera se uniera al equipo, siempre y cuando estuvieran dispuestos a asistir a las prácticas y trabajar duro. Yo estaba dispuesta. 

Sentía nervios y un revoloteo en el estómago mientras esperaba en la línea de salida de mi primera carrera de 5 km. La señal del disparo provocó una descarga de adrenalina en mi cuerpo y corrí rápidamente con el grupo de corredores por el campo abierto hacia el sendero. 

Mi rapidez no duró mucho tiempo. De hecho, caminé la mayor parte de esa carrera, y crucé la meta final a los 35 minutos y 44 segundos. Todavía puedo ver mi nombre junto a esos números en la página de resultados. Ese tiempo se convirtió en la base de referencia para mis futuras carreras. 

Con cada práctica durante esa y las tres temporadas siguientes, el campo traviesa se volvía más y más mi pasatiempo “especial”. 

Correr era difícil, tanto física como mentalmente. El entrenador Moore me enseñó como hidratarme para la humedad, cómo manejar los calambres en las piernas, cómo superar las malas carreras y cómo entrenar con un equipo. Aprendí lo que significaba el RP (establecer un récord personal) y ansiaba la sensación que tenía cuando lograba mis metas. 

Para el final de mi último año, reduje casi 14 minutos del tiempo de mis primeros 5 km. 

Sydney Walker, al centro a la izquierda, con su familia luego de terminar la media maratón de Deseret News el 24 de julio de 2018.
Sydney Walker, al centro a la izquierda, con su familia luego de terminar la media maratón de Deseret News el 24 de julio de 2018. Credit: Julie Jorgensen

Nunca entré en el equipo estatal ni gané ninguna carrera, y no obtuve una beca para correr en la universidad. En comparación con muchos corredores de secundaria, yo no era “buena” en el campo traviesa. 

Pero hoy en día, correr aún es mi pasatiempo “especial”.

Conforme me ataba el calzado esta mañana y salía por un sendero cercano, reflexionaba en el mensaje del presidente Russell M. Nelson sobre la gratitud.

De inmediato, pensé en Madeline y su invitación de correr a campo traviesa. Pensé en mi madre corriendo tres vueltas alrededor de la pista conmigo aquel día. Pensé en compañeros del equipo que se volvieron algunos de mis mejores amigos. Pensé en sus familias y en mi familia alentándome en las carreras. Pensé en el entrenador Moore, que vio el potencial que yo tenía y me alentó a hacer y ser lo mejor posible. 

Mi corazón #DaGracias por mi recorrido de campo traviesa en la secundaria y por todos los que fueron parte de él.