El aumento de oportunidades en línea ha creado aspectos positivos para Seminarios e Institutos durante la pandemia

El año pasado, en una ciudad situada en los Montes Urales, una larga cadena montañosa ubicada en el centro oeste de Rusia y que marca la frontera entre Europa y Asia, un presidente de rama y un coordinador de Seminarios e Institutos invitaron a un hombre joven para que asistiera a una clase de instituto.   

Cinco años antes, el joven tuvo una crisis de fe y decidió solicitar que borraran su nombre de los registros de la Iglesia. A pesar de declararse ateo, aceptó a regañadientes la invitación. A través de las nuevas oportunidades disponibles en línea debido a la pandemia, el joven participó en clases de instituto en Ucrania, el Báltico, Moscú y Siberia.  Escuchó los testimonios de otros estudiantes, incluso de nuevos conversos y los instructores de institutos contestaron las preguntas que le inquietaban.

Durante la conferencia general de abril, vio una imagen del Salvador, como el Buen Pastor, acunando un cordero en sus brazos y se dio cuenta de que él era el corderito, el que se había perdido. Llamó al presidente de su rama y a los misioneros y se rebautizó el 10 de abril y “regresó al rebaño durante el recogimiento de Israel” relató Aleksandr Drachov, director de Seminarios e Institutos del Área Europa.

En muchos sentidos, este ha sido un año difícil para Seminarios e Institutos, señaló Chad H. Webb, el administrador de Seminarios e Institutos de la Iglesia.

La propagación del coronavirus ha interrumpido el funcionamiento normal de las escuelas, empresas, organizaciones e individuos, incluso de Seminarios e Institutos y sus maestros, empleados, estudiantes y sus familias. 

“No quiero minimizar lo duro que ha sido esto”, dijo Webb. “Nuestros maestros y estudiantes han sido increíbles tanto en su resiliencia como en sus esfuerzos para aprender y enseñar el evangelio”.

Claudia Ruiz, del Barrio Los Pinos de la Estaca Barquisimeto, Venezuela, estudia seminarios desde su casa usando la aplicación Canvas.
Claudia Ruiz, del Barrio Los Pinos de la Estaca Barquisimeto, Venezuela, estudia seminarios desde su casa usando la aplicación Canvas. Credit: Cortesía de Seminarios e Institutos División de Servicios Estudiantiles

Y, sin embargo, aun en medio de las oscuras nubes que el coronavirus arrojó sobre las actividades normales, hubo destellos de esperanza, como la historia del joven de los Montes Urales.

Es poco probable que esto “hubiera sido posible de no haber sido por las clases en línea y la pandemia”, escribió Drachov a Church News en un correo electrónico. “Tuvo la oportunidad de escuchar a diferentes maestros, a diferentes estudiantes y eso le ayudó. El Señor está haciendo su obra”.

La pandemia sirvió de catalizador, dijo Matt Langton, el director de aprendizaje digital de Seminarios e Institutos. Aunque las oportunidades de estudio en línea han estado en marcha durante varios años, no se han difundido tan fácilmente, especialmente para seminarios. Las clases de instituto en línea han estado aumentando de manera constante en los últimos dos años con el crecimiento de BYU–Pathway Worldwide, el cual incluye como requisito un crédito religioso. Sin embargo, “la pandemia fue, claramente, un acelerador del crecimiento, especialmente en seminario”, dijo Langton.

Con la ampliación de la oferta de clases de Seminarios e Institutos en línea, también se han expandido las oportunidades. “Hemos tenido estudiantes que nos han relatado experiencias realmente buenas”, dijo Webb. Algunos de los que se han unido a la Iglesia probablemente nunca habrían aceptado ir a una clase cara a cara, pero un amigo les invitó a unirse a una clase en línea de seminario o instituto. Era más fácil y menos intimidante meterse en una clase en línea por Zoom, dijo Webb.

Taegel Jung, director del Área Corea, compartió la experiencia de un joven no miembro de Okinawa, Japón, que se llama Yukonori Akamine, y que pronto será bautizado. Estudió diligentemente en seminario durante todo el último año de la pandemia y completó el 100 % de las tareas. “Aun cuando no pude asistir a la Iglesia a causa de la pandemia, el Señor siempre estuvo conmigo mientras estudiaba en seminario”, escribió Akamine.

Langton dijo que, en diversos ámbitos, la tecnología les ha permitido a los estudiantes invitar a sus amigos y conocidos de todo el mundo y no solamente los de su zona.

Jóvenes del Barrio Pinhais en Curitiba, Brasil, posan para una foto chistosa durante una clase de seminario por Zoom el 26 de mayo de 2020.
Jóvenes del Barrio Pinhais en Curitiba, Brasil, posan para una foto chistosa durante una clase de seminario por Zoom el 26 de mayo de 2020. Credit: Gabriela Pires da Rocha

En el área de Drachov, Oleg es un joven adulto que vive en las montañas de Siberia. Él y su madre son los únicos miembros de la Iglesia en su ciudad. Banifas es un hombre joven que vive en una pequeña rama en Ivano-Frankivsk, Ucrania. En los últimos años, han tenido pocas oportunidades de asistir a las clases de Instituto. Ahora, han asistido juntos a varias clases.  

“Hay muchos más estudiantes como estos dos [hombres jóvenes] que fueron bendecidos gracias a la tecnología y las clases sin fronteras”, escribió Drachov.

Aun así, la adaptación a los modelos de la enseñanza en línea no ha sido fácil. Los instructores se han esforzado por aprender cómo enseñar con el tapabocas puesto o cómo hacer para que los estudiantes participen a través de Zoom. Otros no han podido participar por estar en zonas del mundo donde la infraestructura de internet no es suficiente para tener clases en línea.

Algunos maestros se adaptaron rápida y eficazmente a la enseñanza en línea. Otros han tenido dificultades, señaló Webb.

Roopinia Hilowea enseña seminario de los Santos de los Últimos Días, en Bora Bora el 28 de mayo de 2019.
Roopinia Hilowea enseña seminario de los Santos de los Últimos Días, en Bora Bora el 28 de mayo de 2019. Credit: Jeffrey D. Allred, Deseret News

Durante la transmisión anual de la capacitación para Seminarios e Institutos de enero de 2021, Rory Bigelow, administrador asociado de operaciones, dijo claramente: “Nuestro nivel de competencia [tecnológica] en la educación religiosa en línea no está [en el nivel] que debería”. Los instructores y administradores tendrán que seguir actualizándose, dijo Bigelow, y encontrar formas de mejorar.

“Todavía tenemos mucho que aprender”, dijo Webb.

Langton dijo que espera que el programa en línea continúe haciendo que la posibilidad de asistir a Seminario o Instituto estén disponibles para los estudiantes “dondequiera que estén y desde cualquier lugar”.

“Vamos a intentar aprovechar las lecciones de la pandemia y aprender todo lo que podamos para hacer que Seminarios e Institutos sean más accesibles, y para que sean una experiencia tan significativa como sea posible”, dijo Webb. Su propósito es proporcionar a los jóvenes y a los jóvenes adultos experiencias que profundicen su conversión, y sean relevantes en sus vidas, satisfaciendo sus necesidades y respondiendo sus preguntas, dijo.

Esperamos que, ya sean clases impartidas cara a cara o en línea, “seamos capaces de crear un sentido de pertenencia para ellos. Que los jóvenes que asistan se sientan parte de lo que ocurre y que pertenecen”, dijo Webb.