Sarah Jane Weaver: Una lección de comprensión de una magistrada de la Corte Suprema y la madre del acusado al que sentenció

Recientemente escuché una conversación ocurrida en noviembre de 2018 entre la magistrada de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Sonia Sotomayor y David M. Rubenstein. Me la envió una amiga.

Durante la conferencia anual David M. Rubenstein Lecture, auspiciada por la Academia Americana de Artes y Ciencias, Rubenstein le preguntó a la magistrada Sotomayor — quien fue confirmada como integrante de la Corte Suprema el 6 de agosto de 2009 — sobre la Biblia que usó para su ceremonia de juramento.

Sotomayor habló de una interacción ocurrida en la sala de un juzgado años atrás, cuando era jueza de primera instancia.

Recordó la sentencia de un joven miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, un proceso que le permitió aprender un poco sobre la fe. Durante la sentencia mencionó “lo impresionada que estaba por varios de los principios y valores” de la religión.

En retrospectiva, Sotomayor dijo que sentenció al acusado “más duramente” de lo que hubiera hecho unos años después. “Fue un caso difícil para mí”, le explicó a Rubenstein. (el relato de lo ocurrido se encuentra en el minuto 46:50 de la conversación de una hora de duración la cual se encuentra en YouTube – solo en inglés).

Después de dictar la sentencia, y cuando ya había pasado a los siguientes casos, recibió un paquete por correo que le enviaba la madre del acusado.   

Como el paquete no había sido solicitado, fue inspeccionado y además revisado con rayos X.  Cuando finalmente se abrió la caja, contenía lo que Sotomayor denominó “una Biblia Mormona”.

La madre del acusado la había enviado con una nota “explicando que yo había hablado de su religión y por eso ella pensaba que debía aprender más sobre ella. Por eso, me había enviado la Biblia”.

De acuerdo con el código de conducta, Sotomayor no puede aceptar regalos, “y menos de la madre de un acusado”. Pensó “en lo que podía hacer, porque devolverla le parecía un error”.

Finalmente, averiguó el valor de la Biblia a través de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, y le envió una orden de pago a la remitente. Le agradeció a la madre por la Biblia y le explicó que “no podía aceptar el libro como regalo, pero podía pagarlo”.

Después le dijo a Rubenstien: “Ese es el libro que usé para mi juramento”.

El intercambio entre la jueza y la madre es ciertamente un ejemplo de la búsqueda de la comprensión por parte de Sotomayor, de su loable compromiso con la ética por la cual rige su profesión y su bondad.   

También nos dice mucho sobre la madre del acusado, quien se acercó a la jueza después de un caso difícil. Su gesto sincero se extendió a lo largo de los años, llegando a su punto culminante cuando Sotomayor ocupó su lugar como la 111.a magistrada de la Corte Suprema en la historia de los Estados Unidos — la tercera mujer y la primera hispana en formar parte de esta institución.

Sotomayor continúa con la entrevista hablando sobre la importancia de escuchar y comprender.

La madre fue un ejemplo de ambas cosas. No le envió una carta hostil a la jueza, criticando su opinión, enfoque o aplicación de la ley. No mostró enojo, desprecio ni rabia. En cambio, buscó puntos de conexión.

Y, en un gesto profundo, la madre, cuyo hijo acababa de ser condenado, quizás “con dureza”, ofreció una verdad de gran valor.

Mientras las tensiones raciales se extendían como un incendio en los Estados Unidos durante junio de 2020, el presidente Russell M. Nelson dijo, que los líderes de la Iglesia, “aborrecen la realidad en la cual unos niegan el respeto a otros”.

El presidente Nelson escribió (en inglés) que, durante la misión terrenal del Salvador, “Él ministró constantemente a los excluidos, marginados, juzgados, pasados por alto, abusados y menospreciados. Como Sus seguidores, ¿podemos hacer algo menos? La respuesta es ¡no! ¡Creemos en la libertad, la bondad y la justicia para todos los hijos de Dios!   

“Seamos claros. Somos hermanos y hermanas, cada uno de nosotros es un hijo de un Padre amoroso en los Cielos. Su Hijo, el Señor Jesucristo, invita a todos a venir a Él”.

El presidente Nelson nos pidió a todos fomentar el respeto fundamental por la dignidad de cada alma humana.

“Tenemos que trabajar incansablemente para construir puentes de entendimiento en lugar de crear muros de segregación. Ruego que trabajemos juntos por la paz, el respeto mutuo y por un derramamiento de amor entre todos los hijos de Dios”.

Vemos un pequeño ejemplo de esto cuando los caminos de una jueza y una madre se cruzaron en un juzgado. 

No sé si Sotomayor y la madre del acusado compartían ideologías políticas. Sospecho que no.

No sé cómo se sintió la madre con respecto a la sentencia de su hijo. Me pregunto si sintió que la jueza había encontrado el tan buscado equilibrio entre la justicia y la misericordia.

Y no sé si los caminos de estas mujeres volvieron a cruzarse.

Sin embargo, sí sé que es hermoso — y contiene una dulce lección en un mundo donde se necesitan más puentes que muros. Una jueza buscó comprensión y una madre respondió con gracia.  Años después de su breve interacción, la jueza puso su mano sobre la Biblia de la madre e hizo un juramento a Dios mientras ocupaba su lugar en el más alto tribunal de los Estados Unidos.